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Sabiduría
lentos movimientos
de alfarero antiguo
golpeado metal al rojo
surge un modelo sabio
archipiélago luminoso
de un país inválido
color dinámico
la cuesta empinada
ambiguo horror
lavado de escorias
ya no podré
trabajar sin predicar
hacha
rodajas
asti
lladas
hacha
madera
abierta
estalla
hacha
aroma
de bosque
llamas
hacha
sobre
brasero
brasas
¿Faro, destello o destino?
vibran los cabos tensados al máximo
nos azotaron de través
ancla de capa dejando el tormentín
como única vela
con tacos o rezos
cedió el temporal
y entramos al puerto
La herrería
en una cuadra próxima al mercado
mañana asoleada de mi infancia
la esquina abierta se despereza
un par de percherones para herrar
golpes vibrantes sonoros o densos
resplandor de la fragua que jadea roja
yunque plancha estampa templa sangra
retiene el casco entre las rodillas
clava y remacha los siete clavos
se escurre el sudor de su frente
erguido acaricia para sí su obra
antes de entregarle al palafrenero
las riendas y un saludo al dueño
hacia el sol de la calle vuelvo pleno
Estación de campo
la campana
cuelga muda por temporadas
un rayo ilumina
latigazo fulgurante
resplandor antes del trueno
huele a tierra caliente
bostezo prolongado
aleteo de los postigos
un campanario resguarda
a los pies de la virgen
un pordiosero y su perro
Ancla
roca
espuma besando
la playa matinal
aliento marino
el amanecer despierta gaviotas
en la playa estrecha
que el sol descubre
mis manos sobre la roca
el brillo a mi espalda ancla
Leer textos de Guillermo Dávila en El motivo es el poema I (2003)
jueves, diciembre 23, 2004
Guillermo Dávila: Estación de campo
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