jueves, diciembre 23, 2004

Guillermo Dávila: Estación de campo

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Sabiduría

lentos movimientos
de alfarero antiguo

golpeado metal al rojo
surge un modelo sabio

archipiélago luminoso
de un país inválido

color dinámico
la cuesta empinada

ambiguo horror
lavado de escorias

ya no podré
trabajar sin predicar




hacha

rodajas
asti
lladas
hacha
madera
abierta
estalla
hacha
aroma
de bosque
llamas
hacha
sobre
brasero
brasas



¿Faro, destello o destino?

vibran los cabos tensados al máximo
nos azotaron de través
ancla de capa dejando el tormentín
como única vela
con tacos o rezos
cedió el temporal
y entramos al puerto



La herrería

en una cuadra próxima al mercado
mañana asoleada de mi infancia
la esquina abierta se despereza
un par de percherones para herrar

golpes vibrantes sonoros o densos
resplandor de la fragua que jadea roja
yunque plancha estampa templa sangra
retiene el casco entre las rodillas

clava y remacha los siete clavos
se escurre el sudor de su frente
erguido acaricia para sí su obra

antes de entregarle al palafrenero
las riendas y un saludo al dueño
hacia el sol de la calle vuelvo pleno



Estación de campo

la campana
cuelga muda por temporadas
un rayo ilumina
latigazo fulgurante
resplandor antes del trueno
huele a tierra caliente
bostezo prolongado
aleteo de los postigos
un campanario resguarda
a los pies de la virgen
un pordiosero y su perro



Ancla

roca
espuma besando
la playa matinal
aliento marino
el amanecer despierta gaviotas
en la playa estrecha
que el sol descubre
mis manos sobre la roca
el brillo a mi espalda ancla



Leer textos de Guillermo Dávila en El motivo es el poema I (2003)