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Lo poco que tengo
las palabras que no están
los muertos lo olvidado
(que nunca coincide con los muertos)
yo me saco el sombrero cuando paso
frente a esos cementerios donde el límite
recto se curva hacia la intriga
presiento que algún día todos ellos
van a acabar pasando de este lado
capaces como son
de tomarse lo poco que tengo
Origami
el rígido destino de la brújula
no importa
el souvenir brillante del final y/o
la bengala
el camino era claro
pero el papel se dobla en el bolsillo
y empieza a organizar encrucijadas
pero el agua tan blanda entre las manos
y mis afirmaciones como una comitiva
de sabios abordo de un barco equivocado
si salgo bien de ésta
desearía viajar como viajan los pájaros
a un norte cualquiera
donde exista la mesa servida que imagino
entre las piedras del fondo
a la sombra de una parra de fractales
y si puedo elegir que a mí me toque
aprender figuras con papeles
y hacer con el dolor un aceptable vino
Temblar
después del terremoto y los volcanes
con ningún sanbernardo y su barril de brandy
cuando queda una playa de cenizas
y el silencio lamiéndose la boca
una pala desolada es lo único
debajo de la tierra
que agacha su cabeza y cava
cava sin modo de saberlo
con el imaginario de una hormiga
tozuda y maquinal más allá de mis manos
pone piedras encima de piedras derrumbadas
dentro de mí creyendo que me salva
y repite la casa incalculada
sobre el lomo de un toro
negro como las noches
tambaleante
Otro incendio
se vuelve cada noche
para fijar carteles en el sueño
para recolectar el jugo azul
que destilan los umbrales
de las casas viejas
se busca en cada ganso gris
la pluma verde
se miente se raspa contra las paredes
se riega el camino con mano de ceniza
se es lo que se pierde
al mirar una vez y siempre entre rendijas
la luz inescrita que se reduce a cero
como un pabilo quemándose a lo bonzo
y se empieza un incendio
Primero
dos luces amarillas son
un lobo en el pecho pero que no se ve
hay una catacumba con hormigas
con eco de plegarias
unas palomas sueltas que adivino blancas
relojes tapados con arena
una bola de fuego y campanas
que solamente van
una extraña baraja que se vuelve
cartas desordenadas más al fondo
las ganas de vivir encima de un caldero
donde un miedo tenaz se cuece
en hálitos de aire inquebrantable
suben lenguas de vapor que gritan
como recién nacidas
y azotan los caballos que me llevan
hacia afuera el alma y va detrás un resto
de humanidad exhausta
jueves, diciembre 23, 2004
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