jueves, diciembre 23, 2004

María Eugenia Mendizábal: Sobre una lámina de tambor


ha de haber sido
planeada la caída

es una línea dormida
bajo las faldas de una abuela que cuece papas

línea dormida
en el brasero de uno que incendia al cielo de avellanas
que cambia de nombre yéndose río abajo
hacia un continente de esperas
adonde otros tambores suenan
pero tan lejos
que no



tamborea y da pasitos
andando va entre el silencio y la rabia
va avanzando por la ciudad descalza

silencioso entre tanta caída magna
su soledad es antojadiza

era antojadiza también la pena en la trompeta
de aquel que amaba la fauna y no la toleraba
sin embargo.



pienso en ese decidido a la tragedia
como único augurio
hecho de carne defraudada sobre
el límite de la ciudad.

pienso en sus manitos
en cómo se sumerge entre torres neogóticas
al fin de las mañanas.

como él una vez yo también creí
que mis palabras eran escarcha del vidrio.

pero permanecía silenciosa siempre
y espantada, lista para una fuga que
de todos modos no emprendía.



escribe un libro inmenso sobre la lámina de un tambor
arrincona a la moral y a la gramática
sobre la métrica de la hojalata

envejece después que el futuro
objeto de objetos
anda con la levita del sepulturero
entre las tumbas de los que nadie halla

estrangula al silencio
escribe algo inmenso sobre la hojalata
sobre un descampado que derrama fronteras, que derrama papas,
juegos de naipes, incendiarios, anguilas y banderas.



como él yo también soñé
con ser parte de una compañía circense
—o en realidad diría— "como él yo fui parte
de la compañía de risas" que alumbraba los rostros
de los que deseaban que las cosas terminaran simples y terribles

y pensé que mis polleras eran
cueva de santos, purgadoras de penas
y caminé por un campo de papas
helada de sangre y barro.