sábado, noviembre 15, 2008

Laura Gomez Palma: Poemas

persiste
el invierno después
del invierno
el fruto helado
cayó dormido
al despertar
preguntó si era tarde
para todo
para volver al árbol
tarde para seguir
cayendo


se deshace octubre
y yo
seré la piedra que mira
cómo mueren las hojas
bajo mis pies



abrazo la roca
que es madre del abrazo
despido al ángel
que voló conmigo
di la vuelta al mundo
mirándome en sus ojos
dibujando un horizonte
de pájaros azules


el río
mojaba tu casa
pero las piedras
rodaban seguras
no dejaste
que las horas siguiesen
pasando
olvidaste que podías
volver a ser pez


el fuego
penetró en el bosque que dormía

viernes, agosto 10, 2007

presentación


presenta
martes 14 de agosto/ 19:30 hs



Movimientos incorpóreos, Nurit Kasztelan
¿Con quién dormías?, Guadalupe Muro
Un rastrojero bajo el sol, Gustavo Gottfried
Del coyote al correcaminos, Osvaldo Bossi
Soliloquios, Beatriz Vignoli

_____________________________________________________________________________ CENTRO C. C. C.
Av. Corrientes 1543
(sala Raúl González Tunón)
lectura & brindis

miércoles, enero 03, 2007

Silvia López: Hasta no equivocarse mi color


Bosque del silencio. Bosque

donde el fuego se haga madera

y chispa, y la chispa el instante

a detener en el silencio. Bosque

donde se enhebren los pétalos

al botón amarillo de la margarita

en que me deshojé y la bordadora

rehíle pacientemente la madeja

hasta no equivocarse mi color.



Y si yo

me duermo hiel

a las caricias

emparedo las valvas

me escondo madreperla

perla que se desgrana grano de arena

sola----a oscuras----sola

vientre de nácar

almohada donde pensar

me digo y pienso

me pienso

me ahondo

en un paisaje de otrora

un sueño prenatal casi

libre casi

de mí-----hasta el atavismo

semilla ingerminada

impensable ahora

despertar tan pequeña

abrirme madreflor.




Girar en torno a mí

girar y dónde

corazón, mi carrusel

espiralando a tumbos

yo,

la pasajera unívoca

ganando cada vuelta

irremediable

la sortija.

¿Si desterraran

al señor calesitero

en que acontezco?



Fuera Picasso

al suspenderlo

en su inmanencia

o Medusa

que condenara

su curiosidad,

lo cierto es que así

vengo a encontrarlo

en un museo de París

al gato azul

que vivía

en mi primer cuaderno,

azul y atigrado

como la audacia.


Tal vez acecha

en torno al muro

a ese color elemental

que yo también perdí,

a las rayas

que fugaron de su piel

dejando en la mía

un tatuaje de dudas.


Como si quisiera concederme

un último suspiro.

martes, enero 02, 2007

Gustavo Gottfried: Mar de noche

una piedra a orillas del río


el agua percibe su presencia muda
ella se deja abrigar
por esa manta y sueña


a veces con el mar
pero está sola
en la pampa que esmerila
las patas de los caballos


mañana quizás
alguno se arrime para beber
y hunda la piedra
bajo su peso firme


mientras tanto el agua
se pliega en círculos alrededor


mar de noche


las cosas no son claras aquí
algo se esconde de la mirada
y uno se acomoda
a un espacio poco definido


el cuerpo otra vez se desanima
se quita la ropa y se sumerge
en el agua tibia de un sueño
que va a depositarlo en otra playa


también el pensamiento se despliega
a diestra y siniestra
no tiene fin
como si planeara un asesinato
un golpe brillante


(cauces en un delta
las ideas se demoran
dibujando un extraño signo
sobre la tierra)


el mar de noche ya no tiene el mismo atractivo
sólo se escucha el rumor
de alguien que habla en sueños


la respiración del cuerpo amado
que se eleva
sobre un lecho de arena





Estos poemas son parte de "Un rastrojero bajo el sol" de próxima edición. (Ed. Huesos de Jibia)

Patricia Kalnisky: Música


un cuerpo que mira
hacia lo finito
el perderse de una fuerza
en otra forma de vida


me reconozco en palabras
que una extraña
me devuelve
desde la ceniza


como alguien
que extirpa de la arena
algo dicho
en algún momento de la historia


el murmullo
de un paisaje estático


manos que dibujan caras
con hilos rojos


la actividad sutil
de la tinta
donde circula implícito
el argumento del tiempo


el sueño


mientras yo miraba
los rayos de sol
que pasaban por la ventana

*


la música corre
por el brazo del tiempo


y ondulan las notas
se reúnen


dislocándose


si alguien dice algo
y ocupa el fluir
y una luz recuerda el cuerpo


si alguien ocupa las notas
como nombres


la música deviene
en música


la inerte música
deviene en movimiento musical


y el tiempo se disfraza
de lobo y duerme
y sueña con ojos hipnotizados


el rumor vago
de un dios inefable
despierta al tiempo
que ahora se disfraza de ocaso
y con su belleza flagela
las ruinosas columnas
que gritan nuevas notas

Jorge Gemetto: El extranjero

Mamá

Mamá recorre

el pasillo,

su bastón

frío

en la mano.

Es de roble o de

quebracho

el bastón,

nadie

sabe.

La estufa está apagada,

y no anda

la lamparita.


Mi equipo de música

mi equipo de música es nuevo nuevo no tiene ni una mancha ni un borde raspado titila su luz roja y afina cualquier voz me despierta a la mañana y me arrulla a la noche es nuevo nuevo y no lo cambio por nada nuevo nuevo es lo único que tengo


12 de diciembre

Hoy me levanté a las siete. Desayuné tostadas con dulce de leche.

A las ocho y diez llegué al trabajo.

A las ocho y media vino Claudia.

Ocho y treinta y uno me saludó.

Ocho y treinta y dos se fue a su oficina.

A las doce y media almorcé (tarta de jamón y queso).

Una y cuarto: reunión (aburrida).

Cuatro menos diez: pensé en invitarla a merendar.

Cuatro menos cinco: la invito, pero ya merendó (masitas secas y café).

Cuatro menos tres: cierro los cajones y me voy (ya la había saludado).

Cuatro y cuarto: entro a la panadería, saco número.

Cuatro y veinte: tardan mucho en atender. Me voy. En realidad, no tenía hambre.

A las cinco llego a casa.

A las siete prendo en el noticiero.

Ocho menos cinco: me pongo a leer.

A las ocho y media termino "El castillo" y agarro "El extranjero". Parece bueno.

A las diez y veinte pienso en hacer la cena. No hay casi comida y, en verdad, sigo sin hambre.

A las once y treinta y tres escribo esto en el diario. Ya es tarde. Apago la luz a las doce menos cuarto.

Germán Rosati: Las chicas de mi barrio

La fija


En San Martín se baila así, me dijo.

Entre melodías densas

que se derriten a punto caramelo.

Y algún beso recóndito me prometió

a cambio de un trago

de cerveza negra.

Los vapores, las paredes

un frasco de mermelada

almizcle con sopor a vino picado.

Y Andrea, inundada, bailando en el medio.

Cuando se mueve

uno se olvida de uno mismo

en el pasaje donde su remera stone

se transforma en pollera ajustada

y se hace cintura, ombligo

y aparece a cada paso y se esfuma al siguiente y al otro vuelve.

Bailá conmigo, Andrea; movete

al lado mío.

Vos y yo tibios

en un horno de barro

como galletitas de canela.

Pero vas al baño

te perdés en un jarabe de luces verdes

y en el negro que te encara

con paso distendido

camino a la barra.

Con el sí bailás, y no me queda

más remedio que volver a Capital

a buscar la cumbia que me dijiste, esa

que se baila en San Marín.

Pero las que encuentro acá no me gustan.

Son amargas como azúcar quemada.


Las chicas de mi barrio

son apetitosas

como una cazuela de jaiba

y leche de coco.

Tienen piernas largas

de circunvalar ochavas esquinosas

untadas en luces

que se van quebrando a cada paso.

Embutido el cuerpo en vestidos de cuero

se pringan las mejillas con cremas alcalinas

y aromatizan sus matices

con desodorantes de guayaba.

Las chicas de mi barrio son

actrices grandes

y no presentan objeción alguna

al desparramo de sus trópicos

en la vereda de turmalina color topacio.

Anoche, a la rivera del Sarmiento

miraba a una de ellas actuarle a su patrón

de manera lastimera y con ojeras lacrimosas

para regatear un porcentaje

del arriendo de la acera.


No apagues la luz, mamá

porque la oscuridad se mueve demasiado y yo

me pongo inquieto.

Las paredes maúllan, ladran y aúllan (a veces, gruñen)

se vuelven gelatinosas.

El parkinson de las persianas

y una manifestación de sonidos húmedos

que no puedo mantener a raya.

Estoy mucho más cómodo cuando puedo

untar la luz húmeda sobre mi almohada

pero una vez que se apaga

el velador se aleja de mi mano

y termino prefiriendo la duda.

No apagues la luz

porque mis sábanas son montañas

que explotan en la sombra

y solo me queda flotar en ellas

para no hundirme.


Lola, no es mi culpa que no sepas maquillarte

que el rouge sea una tormenta tropical

desbordando lagunas en tu cara.

Lamento que no puedas morderte la lengua

a riesgo de envenenarte con esa rabia láctea

y estés obligada

a lamer tus propias palabras

a saborearlas como un chicle sin sabor.

A veces, la sombra de tus párpados envuelve

en una niebla o tela o nube o polvareda negra

a quien intenta mirarte a los ojos.

Ese lunar ubicado justo

en el camino de tus lágrimas

impide que llores, a menos que sea

absolutamente necesario.

No es mi culpa que no domines el maquillaje

y no seas capaz

de cubrirte el rostro con otro rostro.

miércoles, noviembre 22, 2006

Huesos de Jibia. Una nueva editorial


Sábado 25/11, 21:00hs
Bonpland 1183

Huesos de Jibia
(editorial independiente)
y Estación Alógena presentan

Máquina de trinar
Walter Cassara

Huesos de jibia
Eugenio Montale
(versión: Ricardo H. Herrera)

Música
Ulises Conti (chelo)
Mariano Malamud (viola)

Brindis+pArty

lunes, junio 12, 2006

El muchacho de los helados


El viernes 2 de junio se presentó en Espacio Prometeo, una bella librería de Palermo, el nuevo libro de Osvaldo Bossi, El muchacho de los helados y otros poemas. Osvaldo compartió la mesa con Diana Bellessi, que trajo su nuevo trabajo Variaciones de la luz. Ambos leyeron algunos de los textos.

Todo esto a instancias de Yaki Setton, director de la colección Poesía en Obra para la editorial Bajo la Luna.

Los alumnos de Osvaldo, de parabienes con la publicación y la fiesta que significó el momento.

jueves, enero 26, 2006

Entrevista a Osvaldo Bossi en Radio Nacional

Recientemente Osvaldo estuvo en Radio Nacional, en el programa conducido por la poeta Susana Villalba. Para los que no lo escucharon, aquí está ese tramo de la emisión.


video

jueves, diciembre 22, 2005

El Motivo es el Poema Número Tres

Foto: Gustavo Gottfried


lunes, diciembre 19, 2005

Los autores: Sus motivos

Ver autores del motivo es el poema número dos

domingo, diciembre 18, 2005

Sebastián Bruz: 0,002 mg. de polen

Ars poetica

es esa luz de enero o una hoja
que al caer recorre el cielo
y es perenne en lo blanco

es el cuerpo recostado en los espacios
donde descansa el sentido


-I-

¿en tal caso, argumentar
_______de que serviría?

¿Qué páramos yermos recorro
_____con qué pulmones
__________qué piernas uso?

¿será siempre buscar encontrar
el desengaño?

_ ¿y este no buscar nada
y encontrarme
_____ más hueco, más humano,
será la forma
_______ del encuentro?

ahora solo estoy mirando una nube
_______ y un árbol,
y un gorrión que pasa del árbol
_______ al cielo,
_______ como si nada.



-II-

doy mi don, todo
lo que no tengo

el hilo sedoso

¿a qué todas las cosas dadas
al martirio y la pasividad?

doy de pleno
lo que no tengo

(como hojas de aromo
rozan mi rostro sus caricias
al caer el viento las levanta y vuelven
a acariciarme)

mi cuerpo sudado agradece
y cede


-III-

como un pequeño fósforo
raspado contra esa superficie
marrón anaranjada estalla
tu sonrisa.

¿cuánto tiempo fuimos marsopas
o coatíes o gavilanes?
¿hace mucho éramos monos?

la Palabra es una caricatura miserable

lucecita transparente
nos delata, deseándonos

las manos revolviendo el aire
para que no sea tan puro

fósforo encendido
como gotas
como migajas y migajas de tanto

¿esas luces que se asoman
del sur, trepan y acicalan
con asombro nuestros cuerpos?


-IV-

trescientos
o más, un poco más


-No me mentís


pasaba una lucecita tenue
de vez en cuando
¿dónde estaba?

pasaban trescientos
o tal vez más
de esos pequeños pinchazos


-No te mentís


náuseas un poco y agua


-No mentís


pasaban esas lucecitas
del encuentro, de esas
que se prenden y se apagan todo el tiempo
como los pinchazos

mentira la contunidad.

lucias 0,002 mg de polen
en cada hoyuelo al reírte … las hadas que te rodeaban
estornudaron

mentira la consistencia entera

los ojos
la mirada
el azul: yo


-V-

Sobre cada pequeño fragmento
del discurso.

Un solcito de lata de bronce.

Uno: la prístina sucesión

Dos: el antojo de antojos

Tres: sucesiva la savia, la vida.

Ojos.
Sólo ojos.
No hay otra cosa que ver
no hay otra cosa.

Tres cabecitas inclinadas sobre el trazo juguetón, bic.

Uno: puente al ocaso

Dos: como manchas sobre la ciénaga

Tres: cala de mármol, de flores

Ojos.
Temida sucesión
de sigilos, de soles,
de armonías.

Uno: ronda la tierra

Dos: alameda de fuego

Tres: el día, la noche, su ausencia
Casi una danza
Una enamorada sucesión

la aceptación:
el ir viendo:
doblemente niños

¡Nada es espejo!

Daniela Camozzi: Quise bailar sin coñac y casi lo logro

De pronto percibió
una sabiduría inasible.
La idea era tan perfecta
que cuando quiso decirla
no pudo.



Viajé toda la noche:
ahora te busco, adormilada.
Me rasgo la piel
como si fuera de otra, pienso
en tus párpados vencidos
y en los días que nos esperan.

...

Hasta ahora
nadie supo ver
el collar de cuentas transparentes
que rodea mi cuello por las noches.

...

¿Qué fuerza novedosa
mueve a esos girasoles
los hace desafiar su ley
mirarse unos a otros
romper filas?



Tu reflejo en mi cara
empezó a cantar
y la máscara
que creí tan firme
se desprendió
revelando esta piel.

Quise bailar sin coñac
y casi lo logro.
Por suerte el espejo
no mostró la caída.

Ilusión de que fueran
dos pensamientos.
Pero sos yo
en mis invenciones.

...

Un destello se mueve
las olas, al retraerse, me arrastran
con rumor de papel crepe.
Ahora vuelven despacio, suaves
hasta que sin aviso enloquecen
y me dejan patas arriba, estupefacta
cubierta de algas trituradas.

...

Veo tu forma de dormir
al cruzar en tren
campos de girasoles
que también a mí
debieran maravillarme.
Los demás fotografían viñedos
paredes ocres, puentes.
Disimulan quizá
y en realidad lloran
como yo, con los ojos cerrados.


ver textos de Daniela camozzi en el motivo es el poema número dos

Ioana Catsigyanis: Diamantes diminutos sobre una pantalla negra

Ars poética

Esta canción que es mediocre y nadie la escucha,
esta canción a la que no le preocupa si gusta o
no, esta libertad de recostarse sobre la pobreza
y de gozarla, enteramente propia.


*

Estoy acurrucada
y un frío glacial
me sopla
al oído.

*


Aquellos que hablan y se avergüenzan
de su acento, que piden socorro
y no hay quien lo traduzca, aquellos
que son dobles, que tartamudean su
nombre, aquellos que son abandonados
por su lengua, que son extraños en
todas partes, para aquellos no es
posible el movimiento irse, volver
son pasos falsos.

*


La piel roza el terciopelo,
lo oprime,
la savia liberada tiñe la superficie,

el pétalo emprende su caída.

verso reverso
verso reverso

se estremece.

*

No poder decir lo que va a venir,
es eso
lo funesto.

Sigiloso,
comienza a respirar en mis espaldas,
me vuelvo y lo acaricio,
indefensa.

Son esas cosas,
las que me amordazan.


OJO

Bola que flota
brillante
suspendida
en la pantalla blanca.

Salta al extremo,
y emprende, grave,
el trayecto hacia el
ángulo acuoso.

Súbita,
vuelve al centro,
pez que boquea
contra el vidrio
y espera.

¡Intruso!
Aleteo neurótico
y afuera.

Diamantes volátiles,
diminutos,
sobre una pantalla negra.

Se moja la bola,
inunda y
repliega
para
engendrar
una ola gigante que se extiende sobre la playa.

Sol Chevar: ¿Dónde irán esas canciones?

Ars poética

Imaginemos que una hoja
se ha caido
en la calle de los remolinos
y juguemos con ella


*

El árbol se retuerce
al vaivén de los vientos

los pastizales silban
como gaitas desafinadas:
sus resonancias se diluyen
entre el croar de los sapos

un pez surca el cielo
para hilvanarlo con el mar

- Quizás más tarde – me dice

sus labios de metal tambalean
mientras sostiene un trébol
haciéndolo girar
entre sus diminutos dedos
de porcelana china

Una hoja se desprende
y cae.

*

Los aviones descosen el cielo
y tu ventana no tiene ojos
para volver a ver

anoche escuché al viento deslizarse
entre viejos colchones
como una niña vestida de virtud
para que le cuente tus vidas
que jamás volverán

lo que no es
se cree palabra
y vuela
a través de campos minados

Ayer acaricié tus cabellos,
mentí como siempre

Un conejo atravesó el jardín
y todo fue blanco -

*

Una mujer se acurruca en mi cama
más pálida que la neblina
de un caño de escape:

soy como un fantasma
enredado entre sabanas y recuerdos

de chica tuve un gato siamés sin cola
con ojos bizcos de cazar pelusas
y cuando se le cayó la cabeza
por el hueco del ascensor
las pulgas invadieron mi casa

Tiritando sin frío
envolvió mi silencio con sus palabras
y el viento sopló
llevando consigo la noche

*

Pensando en el aleph de Borges
me regalaste una canica
como quien regala el mundo

Mientras yo nombraba cosas
vos escuchabas y olvidabas

te dije - Colón tuvo hambre
y se comió su huevo duro
ahora navegamos
sobre un mar de leche -

reímos,

tu sonrisa era verde cactus
y tus dientes tenían la fatalidad exótica
de una pantera rubia: así eras

así y la luna de oriente

por eso escondí tus recuerdos
en una maceta pintada de azul
y salí a la calle

el ruido seco de las máquinas
rimaba con tus ojos

*

Las cosas están ahí,
en el mismo lugar de siempre
serenas e inertes

pero de pronto viene ella
y lo desordena todo

va y viene como si lo que quisiera
estuviese en algún rincón
escondido con las medias sueltas
y las colitas de pelo

- El mundo está lleno
de sinsentidos- dice

sus tacones
resuenan en la madera.

*

Contemplo la noche
y navego sus ilusiones

el pasado está enterrado en mi jardín
y habita en ninguna parte

canta una ópera
que rueda por las escaleras de la historia
y resuena en el mundo

¿a dónde irán esas canciones?

El cielo parece un telón mordido por polillas
con agujeros que traslucen el día,

algún cometa
nos muestra que nada es eterno
y que todo se dirige a otro lugar.

Diego Correa: Nada de besos, me haces un favor

Ars poética

En busca de la frase perdida, Javier
pasea su bicho por la plazoleta

¡Basta de entender todo!

el rocío en la tarde
los verdes troncos deshabitados
las hojas teñidas de amarillo
por el ladrillo sobre el poblado

me asombras por la gota de belleza
en el océano de la miseria
no soy el dueño de mis versos
por más que trate de poseerlos

***

Los tambores suenan
con ritmo incesante
y demoledor

ahora tu aparición campante
única.

Mientras alisaba el negro pelaje
con tu mudez

“el mágico animal vive en la actualidad,
en la eternidad del instante”

tú también eres apariencia
a pesar

de ver el óxido de aquel tubo
corroído por las ratas y el paso del
tiempo.

***

El brindis de miseria emborracha la plaza
ante la mudez del sol
_________no hagas nada diferente al resto
_________guíate por lo memorioso.

las hojas intercambian disparos de fusil
y tizan la ruta devuelta

intento titiretear las altas cumbres
pero su metabolismo me supera

***

Constriñe la realidad
doble filo de tu juego
“no nos encantes con eso”

pausa necesaria
a esa celda intrépida

_______ ¿Qué dice él?

el papelito en la puerta
marca la salida del cliente

¿Estás o no estás?

mira como ocupo tu cama
y qué cómodo es el sillón café,
me disfrazo de gitano
cuando las gotas entran en tu lecho

***

María hace gárgaras en el cemento de Av. Corrientes

la inteligencia te persigue pero tu eres mucho más rápido:

________ “usted está violando al decreto 1972/01
________ hijo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
________ al traer a cagar a su perro-hijo a la puerta de los vecinos”
María ríe.

***

Los labios remojados de amargura
(que implica la solemne amistad de divas diabólicas)

______________Tus labios embalsamados y solos:

(Pero quizás se encuentran acompañados por la densidad
de la niebla): El personaje encarna la inmortalidad de
aquellos enanos de la suprema provincia: (sin que se pueda
penetrar un solo agujero):

Cansada y con los ojos separados (como los gatos de la señora
Rita): (Ellos hablan tan bien de ti)

La esperanza de mi dólar, ya no encuentra ese recóndito
rincón de tu cuerpo: (para chuparlo, tragarlo y volverlo a
lamer)

***

Inocente soy al creer
en la pócima secreta
dada cierta (in)experticia

¡Qué arrepentido estoy!

Acaso se trabaja con la
curvilínea civilística

La ambigüedad de tu ser
arrastra las nubes hasta su
___Clímax

Perdóname por ser,
___excúsame por creer

Minotauro

La destrucción masiva
de la carne

trapos arrepentidos
de tanta labor

_______inconciencia.

desprendimiento de lo
inmaterial y

el karma puro
te eleva en el laberinto
de la mitología griega

¿Quién soy? ¿Cómo soy?

“Hay algo de nosotros que
no nos gusta”

el epicentro del sismo
fue dado por lo irracional

***

Soy mucho para el que
me cree

____ (Creo personajes)

¡Piensa!

toma partido, por favor.

Guía, cada re-lector elige
¿Sur o Norte?

Discordia de ambos linajes,
criollismo y costumbre
de su memoria

***

Nada de inundaciones de profundidad
de extraños,
ni manifestaciones extravagantes

bambolear es lo único que nos queda
tras el ornamento inútil

¿Para qué tanto?
Insuflo todo lo que dejas alrededor del jardín
____________________ feliz por lo demás.

Nada de besos, me haces un favor.

Es inefable, lo creo así porque conocí
el musgo amarilloso de aquellas esquina

aunque no me lo permitan,
fatídico al grado de ser infortunado
¿Es eso lo que buscabas?

¡Es eso lo que buscas!

***

Me fuiste a buscar
explicaciones de viuda soltera
la superficialidad de la distancia

tarde violeta de aquella
playa y
el cuarto que no da respiro

“Eres un ignorante”

la boca piensa de aquella
muchacha empedernida

profiláctico inundado de
orificios de angustia
copan el morro
de insatisfacción

Franca D'alessandro: Fue en Valeria del Mar

El tobogán está exactamente en su lugar
con sus tres patas tensas____y al final el colchón de arena
la figura pequeña
_______________aún ahí
sin confiar en la gravidez atenuada
vestido con florcitas fruncido a la altura del pecho
vestido expectante___pronto a dejar la estela
brazos extendidos___a la espera___insuficientes
___________________________tratando de abrir camino
________________________ _ con miedo de su miedo
___________

hojas en el pasto

troncos verticales
y en el fondo

_el tobogán zancudo
_____________tal vez no era lo suyo


Fue en Valeria del Mar

parecía muerta la mujer
___________________pero igual caminaba
él
_______________con mirada de león malhumorado
con un objetivo___o quizás dos______________
no parecía entender__ más que vigilar_________
____________________
__

dos perros de párpados caídos atados________________
_______________a la entrada del pequeño almacén


mucha penumbra___ y el mar tan cerca
_______________
_______

las plantas alineadas en los bordes de un patiecito resquebrajado___________________
_____________florecían aburridas a pesar del murmullo del mar
la mujer parecía muerta y caminaba


Como el aire matutino va_______________________
_____________________discurriendo con la vida
_____________________que no le evitó pesares
y construye ventanas grandes para ver
barcos educados que no atropellan colmenas

habla de abuelos y cuatro niños que salieron a buscar pan en frente
_______________________del otro lado del océano
el pescado lo tenían___lo tomaban de las olas___
desde entonces, hace de toda agua que camina su confidente

es simple y claro como un amanecer
acaricia niños___construye casa de muñecas__ y es sordo de una oreja.



Empujando el carrito
no sabe donde ir
_____________pero lo disimula
su mujer , detrás, le cree poco
______
________________________

un mundo muy grande____un bebé muy chico

la sonrisa lo delata
flaco__los movimientos de la cabeza a un lado y otro
y en el caos hace como que sabe
su mujer lo sigue con pocas esperanzas.

Mi muerte espera
____
_______________________
hasta que
_______el gran biguá
_______________sudoroso y con gorro negro
__________________________________se pose
la piel espera


y que espere la muerte
_________________que no llegue antes


que la decadencia del cuerpo no ocurra
_______________________antes que él se pose. _______________________







Difícil de ignorar el agua de sus ojos
esa desatinada claridad
_____________________de un mar sin brújula
___________________________________________
y acaso sólo sea un azar genético
__________________________o quizás mapa del alma
pero cómo no amarlo
_________________si lleva el agua en la mirada


Necesidades y pudores que impiden mirar

________

¿él entiende? ____ yo no entiendo
_________________________________
hijas con padres pudorosos

__________________son hijas sin padres
madres a la vera de necesidades urticantes
__________________hijos mojados en lamentos
yo no entiendo
tan guardado el amor
¿acaso cuando vuela es torpe y atropella?____________________________________
y con sus alas calentitas ¿no abriga lo urticante??________________________________

urticante la ortiga____urticante el salmón
urticante la espalda que froto con amor
urticante la espalda que froto con pasión

_________

pudor pudoroso del pudor
pudor de las ánforas caderudas
pudor de las copas de champaña
pudor del crepe georgette que se apoya sobre las caderas de las hijas
________________que crecen y adornan el jardín
pudor de tocar el punto justo de la esposa_______
______________que calienta la cama del hogar

yo no entiendo____ ¿quién entiende?
tan guardado el amor.


ver textos de Franca D'alessandro en el motivo es el poema número dos

Guillermo Dávila: Aquel mágico laboratorio

Ars Poética

El hombre asume los hilos, en la tela entretejida de
hilvanes subvaluados, que cruzan en bandadas migratorias
siguiendo meridianos, con varias zonas de descanso intermedias.




mascullando

globalifóbico contra_____
globalización_________________________________

mecabió mecabió__
mecabió mecabió mecabió
mecabió mecabió mecabió mecabió

muros a la calle_________________
páramos en el quiosco
varios chabones________________
dos motoqueros_________________
la bardeamos

te guglié y no te encontré__________
no existís__
________________
bohemios bourgeois__________
____bo_ bo


mediodía

en los aledaños de setiembre
desde el patio interior un chiquilín
si soplaba el viento ardiente
arrastraba al ángulo luminoso
sus juegos: langostas grandes, ásperas
y sutiles, ingrávidos panaderos
de aquel mágico laboratorio
con brujuleo de rumbos entre
semillas o estrellas




la mina

los socavones fascinan
peregrinos de sueños enfrascados
en párrafos lugareños suplicantes
distinguidos con bastardillas
por incurrir en áreas nuevas
suben recién extraídas
saben de proyectos excluyentes

minerales y ganga
fascinados




sabiduría

lentos movimientos
de alfarero antiguo

golpeado metal al rojo
surge un modelo sabio

archipiélago luminoso
de un país inválido

color dinámico
la cuesta empinada

antiguo horror
lavado de escorias



ver textos de Guillermo Dávila en el motivo es el poema número dos

Nicolás Domínguez Bedini: Cuqui: no soy celoso pero estoy aprendiendo a sobrellevarlo

A veces, al caer la tarde, el viento lleva su mirada hacia lo lejos
más precisamente hacia un muro rocoso
donde sucumben las personas que nadan perrito o flotan panza.
El mar es inmenso sobre lo ancho del mundo
mira un envase plástico vacío de gaseosa La bichy ahora
y se pregunta: ¿Por qué nada resulta como esperamos?
...
Una música que le resultaba familiar
en el final de una película
lo hizo añorar sensaciones que creía extinguidas:
tardes de invierno con café con leche espumante y canciones
que abrigaban un hogar.
...
Tiene un gusto salado de mar en la boca
empacado por la vaga promesa del año entrante.
La mística de la juventud fue un maquillaje
colocado sobre las arrugas de lo que ha seguido envejeciendo.
...
En la calle el sonido de una flauta, música vieja
tiene cientos y cientos de años.
La música es aún más rara que el amor.
Esta es una canción de amor para una era
en que las casamenteras son computadoras.
...
Escribió el nombre de ella con todo tipo de aderezos
en un local de comidas rápidas
dentro de su hamburguesa con lechuga y tomate.
Era un hombre docto científicamente.
...
Tanta tranquilidad resultaba sospechosa
la torta del casamiento de sabor vinoso subía solitaria por el ascensor
la gente degustaba nuevos chocolateados
y los tres pomeleros de la residencia para fiestas recibían azotes del temporal
como una época feliz salpicada de momentos de tristeza que no son tan tristes.
...
La ducha y demás higiénicos menesteres vivificando día tras día
ecos de cantos montañeses: Está cansado, se le imponen los pies.
...
La hiedra, el bramido del viento, la cortina mosquitero, cuadratura de vauquita regordeta
bajo parasoles imbuidos por familias con tornillos flojos por ahí.
...
El mar tenía para los impresionistas una atracción irresistible
idéntica a la novia que quiso al quiste como la mejor prenda de su armario.
...


Brisa del Atlántico

Extraño el color violeta metalizado del envoltorio de los alfajores Havanna de fruta
y de los alfajores de nuez- recubiertos con chocolate blanco-, la nuez en el centro.
Cuando Havanna era un producto cien por cien marplatense
las empleadas no usaban uniforme de Boy Scout como ocurre ahora
y el amarillo de las cajas con doce o veinticuatro alfajores concordaban
con los versos de John Milton en El Paraíso Perdido:
Tú, sol, ojo y alma de este gran mundo

Hoja de saldos

Hubo un día que mi abuelita Carmen me dijo: ¡Qué lindo quedas con el pelo ondeado!
Esa misma mañana al mirarme de soslayo en un espejo del subte, comprobé que tenía
melena digna de poeta simbolista francés de siglo y medio pasado.


Remontar el bolo impersonator en disposuitque

Mis longos cabelos llegarán a su fin
tres mechones en plan rasta sugieren el paso por el barbero.
Este invierno es ideal para reanudar la visita a la nutricionista
el chocolate con churros de La Giralda caló hondo en mi estómago en ayunas
-hipnotizado por el neón de letras verdes: submarino, sandwiches, toddy.
¿Tenet liquores amarunt?

Ingreso desastrado al club de madres
donde las línguas foram calendas y joyas de la cantera.
Una honrosa bien hechora aspirabat purpureumque o savia petebat heu! heu!
lympha, non ego, como gaivota zurcida al corrente ano. Sue cabelo al vento
longos corpos novos da época.


Pizza Capricciossa

Un hombre de vieja estirpe
la importuna
con sus herramientas afiladas

el salero arriba de la mesa.



Mate expresso Cass-Boss

Pericia en la lucha contra estados holgazanes
la voz del club de oyentes
lectura en alto rango poético de versos para iniciados
misal de laringes: taller.


Nos apalearon aluzinajes chamuscados y el cóctel con mini brochettes, pinchos de pollo, una bandejeada de dulces y champagne a discreción, a la espera de las sirenas

Si en la mitad de la noche, nos despierta un olor de incendio...
será por culpa de un cortocircuito provocado por el alargue de la amoladora
que compramos en el mayorista de herramientas
donde olvidé buscar cintas de todo tipo.

Es una constante mientras pasamos la vida juntos
asumir una realidad muy severa: A mi se me queman siempre los aparatos
y en cuanto a nuestras peores pesadillas
las mamaderas trepan en punta.

Sería fantástico inculpar a nuestros exóticos vecinos adolescentes
por lanzar un habano de sus padres en dirección a tu camisón nuevo
sin que llegara a destino
provocando una chispa en el delicado escobillón de cerda
que dejamos acostado en el piso de madera de la habitación
con las ventanas entreabiertas...

Cuqui: No soy celoso pero estoy aprendiendo a sobrellevarlo.

Frío de noche con cartón corrugado

Ya no siento añoranza por lo que fui alguna vez
compraremos helados en una noche helada
con el afán de seguir rimando
las joyas preciosas saqueadas
en caja de seguridad bancaria para un robot espía dañado por bazucas.

Prohibido hacer intervenir al recuerdo

A la hora de escribir siempre hay una ventana abierta
por donde entra el aire
en la fuente de los pesares.


Viejos adoquines cambian por el bienestar del peatón con celular. Recordá tu secundario apagando la cerilla del cigarro dentro del inodoro de un baño ajeno.

Siempre creí más trascendentes los días de elecciones
estar parado con el documento en mano haciendo fila en la mesa que me tocara votar
que cada aniversario de cumpleaños a punto de soplar las velitas y pedir los tres deseos.
Mientras el presidente de mesa canta el apellido compuesto y el acceso al cuarto oscuro
es inminente, uno puede percibir el rancio aroma de las escuelas estatales
es como si de pronto el caballito de batalla sobre educación y futuro del país
que tanto escuchamos hablar o leímos en el periódico
nos detonara en la cara...


ver textos de Nicolás Dominguez Bedini en el motivo es el poema número dos

Hilda Fernández: Otras formas para la ternura

ars poética

a la hora de decir
no siempre funciona la sentencia
el camino más corto

todos los senderos incluyen los atajos
y la meta es
lo que menos interesa



en la oscuridad

no puedo reconocer mis pasos
pero hoy no tengo miedo

si me despierto en la mitad
no voy a tocar una sola pieza de este juego

todo se diluye menos la nieve

casi amanece
pero todavía las letras
son blanco sobre blanco

¿y si te quedaras esta vez?
podríamos armar un adiós distinto:
una playa helada
dos extraños


todo gira

cómo hacerse escuchar
en el hueco de una luna nueva
nada es más cierto más oscuro

dibujar con la yema del dedo una pregunta
caminar hacia el centro
capturando luz con el puño cerrado

es posible
que el tiempo pase y
las hojas amarillas
caigan


otras formas para la ternura

a la hora de la siesta
cuando las sombras son más cortas
y sólo el limonero nos cobija

el mundo es un globo de aire
que tu respiración ensancha
y el paisaje
una mesa servida por el asombro

yo sigo creyendo
que para dormir te bastan mis historias
y me siento descalza
cerca de tus sueños


no es viento

algo más sutil se desata
como un suspiro inicial
que alguna boca exhala y
sumado a otras corrientes
se vuelve brisa
urgente sensación de alivio
en una tarde donde nada
tiene el coraje de moverse

la sombra de las hojas
proyecta la misma estática visión del suelo
_________la misma aplastada dimensión

en el sueño
alguien ataca se defiende o corre
porque mover el aire es tarea de gigantes

el verde baja y se disuelve
en la humedad de las rías

algunos caracoles atrapan la brisa
y nos devuelven olas
a quienes prestamos oído

el tiempo pasa lento
y el agua se espesa
una pulpa de aire atrapada
se eleva y estalla

en las casas de la orilla
todas las ventanas se abren
pero antes de los grillos
el pinar sigue quieto



lagartijas en un sueño

comieron naranjas de la copa del árbol
y ahora parpadean sin sed a ras del suelo

corren sobre la dudosa arquitectura del terreno
porque para sus torpes pasos
cada playa es un desierto
donde el tiempo suele detenerse


la última vez

vi a la montaña tragarse hasta el eco
de una formación ferroviaria

pero la escena no termina
incluso la luz se vuelve espesa

siento que siempre estuve acá
con los pies sobre la tierra

¿y si tuviera que aprender a caminar?
mejor tararear una música
y fingir que bailo
de regreso

como si pronunciar mi nombre fuera
una espiga verde
una hoja de acero dulce


agua dulce

suave como una música
de notas redondeadas
se deja beber de a sorbos
tragar el agua dulce
______________alivia
y la sed cree poder saciarse
con una melodía líquida

a veces
cuando llueve
la luz transforma el agua en ruido

cuna de agua que se mece líquida
y se duerme en la leche
en la canción que es manta
de vocales abiertas por la boca

peces que vienen a beber
del mismo pecho
____________el agua blanca
se resbalan por la líquida
superficie de la piel
translúcida escama

ojos abiertos y vocales
sostienen la misma nota
y vibran entrelazando el aire
moléculas ajenas

como dos gotas iguales
agua de pozo
eco de oscuridad remota

el agua es alimento
suave miga armoniosa
que viene a calmar el hambre
en los ojos abiertos de la espuma

quienes tienen sed
saben cantar la música del agua
que atraviesa sucesivos puentes
de una a otra melodía
_______________siempre nueva
_________________________siempre por agotarse


ver textos de hilda fernandez en el motivo es el poema número dos

Lucía Gonçalves da Cruz: Hay animales muertos en el freezer

Hay animales muertos en el freezer


La narcosis del discurso anuda su cordel
sacraliza el aquelarre de los cuerpos
ya sin ritmo,
el aleteo de los labios se sumerge en el letargo
de la muerte del verbo

algo se abre paso entre mis ojos
y me mira,
horrorizado

arrebato de razón:
lo nombro
y no lo mato

***

"Hay animales muertos en el freezer"

respondo.
Me dice que la carne salió desabrida, sin sal
y una mueca verborrágica,
deslumbrada en el silencio de lo que no debimos callar
grita que su presencia
es viento arrebatado
que el azar de un nombre
y la certeza del vicio
no aquietan

***

Renuncio a mi cuerpo,
acróbata del consenso
una célibe pausa absuelve al deseo
las manos desatienden los bolsillos
y se abisman,
enajenadas
al capricho de lo irremplazable

recuerdo a la gitana que maldijo este silencio

lo grito:
y no lo salvo

***

Puñado de sal
polvo blanco, como el rouge del deseo
antídoto cuando el mar es veneno
viola lágrimas
momifica rostros
galopa sinrazones
sabe a culpa
arde, no quiere mentir:
todo antídoto no es más que otro veneno

***

Resiste, me dijo, al mandato de lo intrascendente
sucumbe al embate preciso de la impaciencia
revelate al abrigo tímido de lo prometido

no entendí
¿por que es desdeñable la derrota?

empapelar los espejos con tus ojos
cimentar la sutileza
en la arquitectura nómade de lo que ves en mí

es el carnaval de la desobediencia

Gustavo Gottfried: Un rastrojero bajo el sol

ars poética

se dibuja en movimiento
y busca lo puntual
como una aguja ciega
es ella en verdad
la que borda su trayecto
en el paño liso



litoral
a H. F.

los árboles se acercan
al río en la crecida

¿quisieras que esto sea más fácil?


la arena tiembla bajo nuestros pies


quizás, un día
ya no recordemos lo que nos detuvo




a Shomer
un perro muerto
en la autopista
trato de no ver
como se va degradando
se transforma en cuero
el amigo del hombre

en un momento dado
recibimos un regalo
hecho con un hueso nuestro



a León y Fermina Gottfried

pedernal

un niño es librado a la extensión
por los dioses que
en un silencio colonial
escriben la historia
con un rastrojero bajo el sol
del mediodía



como el agua que duerme
en el fondo de un pozo
algo en mí se resguarda
y se pudre
nada lo alimenta
y rumia hasta mancharse
adormilado
confunde lo que cuece
con el mundo


las bufandas que se pierden
terminan en un bar al que voy los martes
la semana pasada olvidé la mía
y hoy tuve que reconocerla
como a un muerto querido



la noche se adelanta
y hace frío
felicidad
_____por qué?

el propio calor
abriga


el sol cae


y el texto queda
en la oscuridad

¿qué es un texto en la oscuridad?

una piscina aún no tocada
el agua tersa y tibia


en la estación de servicio la gente
no cree que deba guardar las formas
se cambia las zapatillas
fuma a rabiar
repasa sus compras
abre los paquetes
lee los envases
habla fuerte al celular
se ama ______se va
se olvida
la ropa y las cabinas
son transparentes
los baños hieden
la cajera trata mal
el diario se va desintegrando


creo que tengo ganas de estar en casa

hoy quise hablarte
me atendió un contestador
en el mensaje dejé
lo que sentía en aquél momento


la colina

hay algo abierto en mí
nada puede sellarlo

tu mirada sin embargo
busca un cielo que no puedo darte

trazás en la colina una sombra
oscura como la alegría


te mandé una imágen
lo primero que ví
al despertar
espero que hayas entendido
porque yo
no entendí nada

ver textos de gustavo gottfried en el motivo es el poema número dos

Guadalupe Muro: Arrastro piedras con entusiasmo

estoy leyendo tu antología por primera vez
otra vez
vadeo el valle de la mañana
cuelgo la ropa húmeda
y mientras realizo la ceremonia del mate
mastico tus poemas cocidos con leche.

recuerdo esa noche, que lo llamamos a Parra,
cuando encontré su carta en tu biblioteca
y nos recibió con vino y castañas,
y brindó
sin tomar un trago
porque era alcohólico,
como Alcalde, como Neruda,

como Teillier que me trae recuerdos
de otros poetas, otros hombres
leidos muchas veces antes, con las manos juntas entre pecho y pecho
apretando una piedra en la boca del estómago
y con los dientes llenos de arena
en la penumbra del bosque
en la risa vieja, yo me iba
chocando de camilla en camilla / de árbol en árbol

cada escalofrío sonaba como si abriera el cajón de los cubiertos
y tenía los ojos prístinos
de animalito conmovido
y sentía sus ojos en la nuca, olía sus ganas y dejaba que juegue
mientras mi pelvis golpeaba hacia abajo
con la regularidad de las olas grandes entre las pequeñas
¨ quiebra pequeña quiebra ¨ susurraba
tenía un libro en el bolsillo y me pedía que se lo lea
aunque mi voz era una tela gastada, al desgarrarla yo podía
ver campiñas a trasluz

(tal era mi optimismo)

cada verso en la garganta era humo negro de leña de chimenea
opacaba la luz, como atardeciendo el consultorio
y la noche negra se vio más negra
pero me quería bien.

Gianuzzi murió este verano
un día antes de que te visite,
con el primer beso me preguntaste por el difunto, aún caliente
gozaste mi llegada tarde a la contemporaneidad,
me invitaste a la taxidermia
y cada poema fue un pétalo

-perdón por lo fácil, pero así lo sentí hoy-

El agua hierve y en la taza
el saquito de te tiene su primer orgasmo

mientras escribo
hago el intento de ser lo que leo
descubro tus plagios
publicados
nadie lee amor, nadie lee...
vos y yo somos los únicos
todas las noches, para poder dormir
con el mismo gusto infantil y demoníaco
que dan las contradicciones, las películas porno y los helicópteros,
los destellos altruistas en que te encuentro infraganti y
el cariño malévolo que me tenés, la evasión al deseo
del montañés que ahorra para la tormenta sus provisiones
de chocolate, poesía, sexo, marihuana,

me reservas para tiempos peores, mi buen samaritano…

son muchas las montañas que no subimos juntos
porque me das vértigo,
excusa infalible de mis pies vagos, de mi mente vaga
aunque
tengo cierto instinto de alpinista, la duda ante el risco

cómo sonara mi cuerpo contra el suelo final
lo que nos preguntamos todos,
yo no me animo, me arriesgo
conservo algunos cabos sueltos, la habilidad entrenada.

Quedó tu antología abierta sobre la mesa toda la tarde
junto a la ropa seca para guardar, la lucidez
que me vuelve cada vez, más oscura

(cuando estaba en el secundario mis compañeros
creían que escondía algo)

siempre elijo esconder algo, alguien como vos
una antología de poemas, una selección de canciones



arrastro piedras con entusiasmo

cierro/ junto rodilla con rodilla
acurrucada en un rincón del cuarto
alejada del temblor químico del cuerpo, está mi ropa
él toma las medias y hace pasar un pie por cada una
me mira con miedo/ los ojos enjaulados/ pregunta si duele
claro que duele, nada es blando
por más que excave estará en la superficie/ siempre
podrá abrir la carne, cobijarse
pero no ocupará otro lugar que no sea el suyo

continúa avanzando por mis piernas, aferrado a las medias que estira torpemente,
me lleva a pensar que la vida será cada vez más fácil/ más simple

mis músculos hechos una trenza persisten en la quietud /estremecida
atrapo cada cosa que este al alcance de mi lengua/ la hora, el clima, los fármacos
las oraciones, vuelan en torno a mí como moscas: me producen un asco
de uñas largas que rascan el cuero cabelludo/ ruido de insectos calcáreos
contra la lámpara, olvidada en la noche: parezco poseída

él no ríe / en realidad yo tampoco: estoy en el exterior de mi cuerpo y no hay,
no hay ranura/ estoy afuera, sin llave, necesito romperme… entonces
él sella mi boca con un beso duro, de piedra, de lápida/ un movimiento seco
y termina de vestirme: el algodón, la leve presión de los elásticos
en la ingle, marcan un anhelado punto al final
de la infancia/ le hablo de las enfermedades alegres de la infancia
busco distraerlo mientras espero que mi cuerpo escupa lo que tiene que escupir
y podamos irnos.


Ver textos de Guadalupe Muro en el motivo es el poema número dos

Daniel Oblitas: Dime Satanás qué ofreces por mi alma tierna

Aplastarme contra el suelo
Ponerme entonado

Me niego dejar mi ramita
Mi sombra
Colgado aquí
Me columpia el aire
Y los rayos me acarician

Espero nunca conocer los dientes
Ni los jugos gástricos
Prefiero ser podrido
Que mordido

Nunca me suelte
Con ese aspecto troncudo
Sé que te duele dejarlos caer
No te preocupes
Yo no dejaré que me arranquen

Me conservaré agrio
Te acompañaré en las estaciones
Y a los que vendrán
Les enseñaré a no madurar

*

los vidrios de mi ventana
todavía empañados
el vapor que saturó mi madrugada
evaporación de sus salivas
causa de la excesiva frotación

una vez tibios volvían a lamerse

veo cómo se contraen
mientras juegan al columpio
cada vez quieren llegar más alto

no miden ni su peso ni su espacio
remueven su materia
sacándose con los dientes las ganas


*

Clavos atravesando mi palma
me unen a la madera
mis dos pies unidos
por un clavo
me alejan del suelo.
El martillo castigador
Moviéndolo el brazo de un hombre
Que no sabe lo que hace

Recuerdo el árbol de la pradera
Solía ponerse hermoso en otoño
Lo conocí una tarde orine en su tronco
Veía cómo las hormigas escapaban dirigiéndose a la copa
Ese árbol juró vengarse

Esta multitud que blasfema
Echo aquí mi vida
Para quedarme simplemente en el recuerdo de estos
Que no aprendieron a orar

Padre
¿Por qué no mandaste a otro?

Ahora que seguro nadie viene a salvarme
Con este ridículo cartelito
En medio de estos dos desgraciados
¡Cómo los envidio, disfrutaron tanto!

Tus lágrimas no servirán de nada
Ay otras formas de tener un hijo
Puedes hacerlo

Les dejo mi legajo, hagan de él
Su paraíso y su infierno

¡Ahora expiro!


*

Cuando dejó caerse del cuarto piso
Voló cinco segundos
Hasta que la detuvo el asfalto

Su problema fue no saber aterrizar
De esa forma no interrumpiría él transito

Ahora canta
Como si tuviera un gato en la garganta
Arañándole las cuerdas

Realiza descoordinados movimientos
Dislocándose trata de salir

Absuelta ya del cuerpo
Se libera del suelo
Noto su felicidad

Parece que no extrañara su ventana

*

Dime Satanás qué ofreces por mi alma tierna

¡No!
Ni mujeres hermosas, ni abundante dinero
Tampoco poder para manipular inconscientes

Prefiero que no intervengas
Que tú y el fulano de barba blanca
Nos dejen en paz

Quiero por mi tierna alma
Tu penitencia

Me pregunto cómo castigarlo
hacer que se vea desnudo
Quitarle lo sabio y dejarle lo viejo

Quiero
Todo a la medida de mis antojos
Nada de excesos ni miserias

Tengo un mejor trato
Te doy por tu alma
Un pecado

*

las tinieblas
en compañía de un frío pálido
resucitando encuentran las cenizas

el viento las besa y las eleva
las lleva Asia el crepúsculo
donde serán santificadas

lo consumido
no fue materia
tampoco las devoro el fuego

descompuesto por el tiempo
y sepultado por el asfalto
hoy sucumbe
para que todo continué

*

esa desproporción compacta de fuego
desasiéndose de esa luz
privándome de mi penumbra
me raja el iris
cenizas mis pestañas
caen

me descubre
asesino de sombras
nos invade
ay que maquillarse
ante ella somos horribles
pero nítidos

no queda más un oscuro espontáneo
ahora puedes
apagar

*

todos uniformaditos con sus jeans
me encuentro en lo que ellos llaman avenida
no queda un solo espacio para el otro

interrumpen
ignoran
apuran

parece que no resisten dejar de verse
cuidan sus reflejos como evitando que se vaya
se adornan para darle tributo al espejo

me pregunto qué será de ellos
si con los nuevos basureros del gobierno de la ciudad
arremeto contra los vidrios, y destruyó su tan preciada imagen

colapsarán los nervios
los más débiles correrán buscando un pedazo de espejo
los inteligentes se quedarán quietos para no desprolijarse

mientras se expande el pánico
seguiré destruyendo con mi nuevo basurero del gobierno de la ciudad
todo aquello que produzca un leve reflejo
para que aprenda a no encasillar la belleza

Joaquín Oreña: ¿Qué harás con tu temporada en el silencio?

loveless

en el aparato anímico se trata
se resuelve el mundo
y es la combinatoria de cosas y adjetivos
con sus diarios privados

por los países escandinavos en invierno
la luz del día está poco:
es una población que crece
lentamente

hablar con alguien también es leer ser leído
apocalíptico alelado
¿qué harás con tu temporada en el silencio?



nuevo


"déjate la barba crecer
así hacemos unos autorretratos que sean
la juventud".

el calor descubierto, posterior a una éstasis depuesta
nos abriga mudando;
pero si al entender inviernos vamos perdiendo lenguaje
no estés muy lejos.

remiendos sanos con el tiempo salir
abjurar de una imaginación cansada
como entrar en velocidad al mar sólo
ante una sal sacrílega

pensamientos
locomoción de materialidad lábil esta novela única
hasta el día en que los núcleos no sepan
nacer más del aire.


la duda


pensante, este cielo al final

junto a otros cuerpos que bailan
o se mueven todavía
y no caen cansados en la implicancia del sol
sobre la piel

aun de palabra todos los días evocan
esta maquina de quién eres tú
y los gestos en infinitivo



por último


el diario íntimo del seductor
se pierde como neblina fría
para el asceta novel
que únicamente desposee recuerdos

un científico perdido en el bosque
tampoco sabe bien hacia donde va



inocencia nada

me lavo los dientes
para después tomar jugo de naranja exprimido

y lo que sea es el infierno orgánico
la vida como una idea ya elegida

los sentidos abiertos con sus labios perdidos
en la posibilidad de confundir el horizonte



introducción a los gestos


nuestra primera cita fue la del punto de reunión
sobre un container para escombros
en el día nublado

la segunda más cerca hacia el tiempo
detrás del post-olimpo de nuestra sociedad:
debajo de un árbol ya sin hojas
que ella había elegido

"¿cuál es tu es tu tema favorito?"
"Fantasma" de Microesfera
y la respuesta salió de mi boca con un viento para seducir
estando la luna solamente

me contó que le gustaba mucho mirar parada desde la ventana
ver como la gente pasaba por la calle la ropa que usaban
sus formas de ocupación espacial desde el cuerpo al moverse
queriendo ir hacia lugares

"¿viste?,
las mujeres no saben correr
pero algunas caminan como para que el mundo se baste"
y fue la primera sonrisa despertando de su identidad

"si tengo sed me traigo agua
y si llueve todo es más lento
la ventana es mi lugar"
se escuchó un susurro detrás, devenido materia empírica dulce
un hogar alejado de las bombas

leer juntos la colección "historia de la vida privada"
fue nuestro segundo placer encontrado
en la descripción de como entró el espejo sobre los usos cotidianos
de una cultura ya nacida
y cambió el sentido del mirarse para siempre



el color de algo


evento de tiempo
y tan iluso tornasol
la mano tuya guardada en el sexo equivocada mente
durmiendo sobre la ventana que da luz, calor
bronceándote impropio

el deseo las palabras que resulten
naturaleza agua nada más



nuestra última visita a color


creo está amaneciendo
y lo que es la actividad de los ojos
me pone peor

un cielo magenta iris
pide en colores lenguaje
sabe que el verano de los cuerpos debe terminar

ah! la forma y sus reglas
"alas para lo abstracto"
nadie lo podía haber dicho más preciosamente

Vanesa Perelló

Crisálida

escucho:
“demasiado linda para un solo día”
y esa promesa no logra
desvirtuar el motivo de mi especie
o lo que es igual
mi porvenir indiscutible: demasiado para durar

puedo arriesgar que, en adelante, cualquier vínculo cierto
será feroz
aunque procure ahora, con sutilezas, adornar la espera

incapaz de salir de este letargo laborioso
de ver siquiera el color de lo que en breve pondrá luz en el
/entorno
porque habrá una armonía fugaz -libre de toda voluntad-
en el despliegue de este cuerpo con temor

que todo lo que mi lengua roce sea dulce
cuando deje atrás esta casa estrecha a la que no volveré
a la que por instinto ya no puedo volver

que el viento me acune soplando a favor
que resulte suficiente
el aleteo

se precipita nerviosa __lejos
mientras abre esos colores increíbles
no lo sabe pero se escapa

como si pudiera

con un ala rota cae blanca
desvalida

roto el cuerpo
no encuentra ni da
se cierra sobre sí

no era un descanso quedarme quieta
pegar las alas al cuerpo
dejarme

el polvo brillante que caía
en su mano él
lo devolvía soplando -suave sobre mí-
quedándose con algo
siempre

después el revuelo
el revoloteo
un paso más en la transformación

a veces el hombre de ojos tan oscuros
crecía, se proyectaba inmenso
en las sombras del cuarto
y me miraba
yo creía que era a mí a quien miraba
a quien decía que debía ser otro mi destino

la amenaza del rayo hiriente de los ojos
del hombre
pendiente de mí
que decía quererme (las alas amarillas, el cuerpo entero,
/la cabeza)
la asfixia
las palabras cerrándose
el sentido que la oscuridad en él tramaba
*

ganarlo para siempre que no termine nunca este poema”
Marosa Di Giorgio


si me jura que no es una red dejo
de dar vueltas en redondo
le escribo el mejor de los poemas
uno que pueda leer

si su intento no fuera descifrarme
el misterio sería otro
lo incluiría

lo frágil no resiste la presión
la presión
-frágil-
no moldea,
fuerza lo quebrantable que, como puede, se escabulle
se mantiene fuerte


ver textos de Vanesa Perelló en el motivo es el poema número dos

Silvana Proto: Réquiem para un gato y otros poemas

Ars poética

Desde que el sujeto existe, desde la época de la pluma hasta hoy, la época de la lapicera, en todo momento se ha escrito un poema.


Rosa China

Rosa china
en compañía
o en soledad
a lo lejos
incrustada
entre flores
y arbustos
eres tan roja
como la sangre
que corre por las
venas / o el telón de
espantar al toro.
Tus pinches
tan finos
como agujas
en el alfiletero.


Cae el anochecer

Decanta ese
imaginario anochecer
con su arboleda luminosa
tan magica y silenciosa
como ella misma.


El atardecer iluminado

En la gran ciudad
con su
traje de noche
se inicia
su contorno iluminativo.
Visto a gran distancia, parece
con visión de lupa ocular,
aclarar el día.


En estos tiempos violentos

En un pueblito,
Coronda, Santa Fe,
en pleno penal/penitenciario
hubo un enfrentamiento
entre dos pabellones.
El saldo fue muy sangriento
Lesionados/heridos.
Por el piso, muertos/quemados.
Gritos, tambien patadas
Intevinieron la carcel.
Pararon las actividades.
Por la masacre renunció el director del penal...


Jazmín

Jazmín
tus petalos
blancos
como la
nieve.
Tus pimpollos
de perfumes
de caramelo
de limon/menta
que afloran
en el aliento.


La noche en la Recoleta, la estatua viviente de blanco

Sobre unas de las explanadas de la Recoleta,
bajo la noche fresca
de repente, desde su pedestal
móvil
se encontraba la mujer de traje blanco.
Como una novia.
Al acercarte y
mirarla
te hacia muecas.
Se encontraba solitaria.

La media naranja

Sentada sobre
la frutera, mientras
expone sus llamaradas
de color, como el sol
mañanero.
Con su
centro de aberturas /
como el sol de
mediatarde / en los
brazos de una autopista.


Librero ambulante, stand de libros usados

El librero tiene de escenario
un stand, a la interperie.
Sus libros son de todas
categorías: novelas
ciencia -ficción, misterio.
Los tiene a la vista, el tránsito
vehicular, peatonal,
del vecindario.
Este librero anda con
su equipaje a cuestas.
Sus libros son
muy baratos / a 3$
pero nadie
se los compra...


Los Mateos

Tan pintorescos,
diferentes y
autóctonos.
Como medio
de transporte
en su andar
y galopar
junto a su
jinete gauchesco
recorren la
ciudad.


Mate cocido

Bebida o infusión
De la cual en su
interín
se saborea, con moderación
prolongada
mientras que su
cálido vapor
y su escencia
de sahumerio
estiran la tarde melancólica.


Por los suburbios de Palermo

Se aloja un gran escenario / ecosistema.
Gotas de soles mañaneros
algunos patos desfilando /
en su traje negro y blanco.
Árboles, flores, ciclistas,
un juego acuático.
Mostrando dos lados: el recreo deportivo
y el tránsito veloz.
Algunos, en dirección a sus actividades,
otros recorren y descubren un lago
escondido /tranquilo /sereno.


Los Relojes

Curiosos relojes, en diversas
formas y motivos.
Motivos antiguos y modernos
esfera circular como las gomas de
los autos.
Algunos relojes marcan su ritmo
otros tienen sonido. Relojes que se
visualizan a lo lejos, con sus grandes
ojos asombrados.


Réquiem para un gato

Un animal gatuno -esqueleto
sobre esqueleto -con la regularidad de un oso de peluche.
Hasta la columna, terminando en el rabo - este felino- con
cabeza y patas, estómago pequeño, animal hermoso y
empeñoso, comúnmente oímos hablar -caracol de oreja- y siamés.
Orificios curiosos, nariz y ojos
muy grandes -auténtico guardián
y cuidador- estirado todo a lo largo
queda muy frágil
muy mimoso y celoso.


Noche escandalosa

En una noche cálida/fresca
Fantasmagóricamente
silba a lo lejos el viento.
Los árboles/arbustos/
el contorno del tránsito/ resoplan
por las anchas avenidas
de la ciudad.


El girasol

Girasol
vos con
los pétalos amarillos
como el sol tísico
de la mediatarde
decantando sobre el
horizonte.
Entre algunos arbustos y yuyos
empotrado en el campo
largo y extenso.

ver textos de Silvana Proto en el motivo es el poema número dos

Damián Ratti: Naufragio


a los cincomil metros
supongo que buscaba algo
pero el vacío que mira
tiñe la roca
de una frialdad negra
____________________
atrás quedaron tus largos pasillos de

/hospital
en eso te parecías a una sábana blanca
___y a este temblor de labios
_____sobre una placa de mármol
_______que el deseo cumple sin querer

______________________

I. naufragio
a través de un tajo de agua
escapo de la tierra
__y me atasco en el límite de rocas
que desafían su filiación química
__y se maquillan de sol

II. estancia
una herida de viento susurra
__________entre las piedras
en el frío
___líquenes
_______sobrevivientes
pintados
_______hace años
aferrados a la roca
no pueden desprenderse
dentro de ella presienten
__ y devoran humedad
__________________________
el árbol que plantamos
demoró años en crecer
________hasta secarse
hoy le amputamos las ramas
en el insaciable griterío de las motosierras
cavamos un pozo al rededor del tronco
________________cortamos las raíces
después lo empujamos
y nos mostró su base enmarañada
_______con un desgarro de tierra
yo me quedé con los pedazos
para pasar el invierno
___________________

La confianza en mí mismo
radica en leer
con rumiante devoción
los poemas que no están petrificados
en las ideas.
mi confianza
__________muere
en las olas que desbordarán todo
como lo advirtió un geólogo amigo
-¡Guarda con el mar!-
corroe el mundo con la enemistad
y desidia de un ser tan poderoso que
no teme a los arañazos.
Partes de mí se impregnan
en los objetos dispersos por el cuarto
que lentamente se van deslizando
hasta profundidades
donde el agua vítrea no se mueve y
no se ve nada vivo.
Ahí deben estar
las fotos que te saqué
(no puedo llamarlas tus fotos)
y cartas mías y dibujos
que tiré sacramentalmente
al inodoro.
Los restos van al mar
en el viaje de bajada
mientras la cáscara de la tierra se

/comprime
-y se sellan
los abismos subacuáticos
escupiendo kilómetros cúbicos de agua
hasta dejar la tierra
hundida a 200 brazas-
Voy a esperarte en la puerta
las primeras olas carroñeras
vienen a lamer el umbral

______________________
creo que todo se resume
a una bajada que da al río
______no puedo verlo de otra forma
______camino por el sol de abril o mayo
______dando largos pasos en favor de

__________________/la pendiente
______tenso el abrigo
______y las manos cerradas en

_____________/los bolsillos
______respiro el aire helado en la mañana
______como una inspiración de eucalipto
______me imagino llegar hasta el agua
______y tímidamente
______ humedecer mis zapatos


Martín Sánchez Ocampo: Con la luna como referente

Ars poética

Aquellos
que fueron lo mejor y lo peor
sirven para escribir poemas.



El silencio de las aguas turbias
elaborado en nuestro ritual
ha llegado.

Nos hace extraños.

Ninguno se atreve a confesar
que su propia quietud y perfume
se han vuelto preferibles.



Yo acá escuchando Low
de Bowie.

Estaría bueno que vinieras
te mostraría cómo es el proceso
pero decidí no convocarte más.

Prefiero terminar la noche sobre un escenario
en el que se desata una tormenta
allí
los efectos especiales son reales.


Los zorzales incontenibles me despiden
en el inicio de las horas efímeras.

Salgo al encuentro de las luces blancas rojas
titilantes de los automóviles.

Sobre las veredas
tubos de neón apelan al deseo de otros
me dictan frases que no entiendo.

Encandilado
tal vez consiga salvar la brecha
entre las musas eléctricas y el papel.



Punteo a un cordero, a un conejo
y demás piezas colgadas
en ganchos a tantos pesos x kilo.

La agitación que siento
no es tan distinta
a la que me provocan tus piernas
tu cintura
recortadas por una luz intermitente.

El ritmo de discoteca se diluye
en esta llovizna fría de agosto.


A pedido tuyo
han puesto rejas al borde de los andenes.

Ahora voy y vengo
cabizbajo
haciendo sonar el Tam Tam
de las placas flojas de hormigón.

Las vías
limpias de sangre y carne
ya no son lo mismo.


Elegimos tomar cada uno por su lado
nos mareamos con el calado de las veredas
pisamos los frutos caídos
contra el concreto infértil.

Arrojamos microbombas libertarias
que nos encarcelan cada vez más
ya somos expertos en repeler.

A contramano de las flechas pintadas sobre las paredes
evitamos la Guía ‘T’ y los mensajes de texto
como el tero
ponemos el grito en un lado y los huevos en otro.

Con la luna como referente
nos cruzamos en las calles de Parque Chas
pronunciamos ruegos sofisticados
bajo la amenaza de una lluvia púrpura.

Sólo nosotros escuchamos
el canto de los grillos sobre el pavimento.


Conozco un colectivo
estancado en el barro under.

Los pasajeros bailan
se miran a través del espejo
van a oscuras
apenas iluminados por las luces negras
colgadas en los vértices del parabrisas.

Las nenas yonkis
escapan de una convención
caminando en la neblina.

La idea es que suban a nuestro transporte
y ensuciarlas un poco.


ver textos de Martín Sánchez Ocampo en el motivo es el poema número 2

Gabriel Simone: La bailarina y el pescador

La bailarina y el pescador

dormimos la siesta en la esquina de la salita
mientras afuera se terminaba el mundo
tenías olor a sueño en el pelo
y a galletitas con leche en la boca

tomaste mi mano pegoteada de chocolate y dijiste algo
casi no pude dormir
llovía fuerte
tu boca se movía como la de los peces

en un coletazo del sueño me enredaste en tus brazos
me quedé quieto
aguantando la respiración

*
(cerraste los ojos en un tiempo blando e infinito)

la bailarina recostada en el bote se tapó la cara para que no la vea llorar
su vestido se había ensuciado tanto que me costaba reconocerlo
no podía respirar por el humo

(los muertos incendiaron la aldea y mataron a nuestra gente)

me vestí lo mejor que pude para ir al teatro
fuiste la última en salir a escena
el decorado simulaba una selva
casi no había iluminación y el silencio era total
por un instante que se prolongó sin tiempo
viví en la blanca felicidad de tu vestido

(los ojos se me cerraban, pensé que estaba muerto)

le acaricié la nuca llena de sudor,
estaba temblando por la fiebre
se hacía de noche y el silencio crecía en las orillas
entrábamos en lo profundo de la selva


la bailarina sonríe y ríe bajito
Gracias por venirme a ver
miró el suelo y tuvo vergüenza, se puso roja
luego lloró dos lágrimas entrecortadas
la abracé lo más fuerte que pude y le acaricié la nuca

escuché pasos en la espesura
la bailarina perdía tanta sangre que fue dejando una estela en el río
traté de abrazarla pero me sentía muy débil, estaba herido
entre la oscuridad y los muertos vi el blanco de tu vestido

(se me cerraban los ojos y me iba muriendo)

Que bueno que viniste, si no estaría llorando

*
al pie del Cristo encontré una alcancía
encontré fotos, encontré anotaciones
encontré recuerdos y pasajes a bóvedas,
encontré ciertas cosas entre púas
encontré columpios absurdos
encontré una nena que agradecía la ayuda de Cristo

*
me quemé los dedos al contar tus pestañas
y me esguincé el brazo por alcanzar el cielo.
Dormí despierto bajo un atardecer rosa y azul
tendido en un bote de cara al sol
los brazos colgando, las mejillas calientes

*

Quise desanudar mis brazos
escuchar el paso del tiempo en una piedra
preguntarle cosas al mar
enredar la arena y confundirla

*
la bailarina miraba atenta
como el pescador sacaba del anzuelo a la trucha
que se movia y balanceaba vertiginosamente
hasta resbalar de sus manos y caer sobre el bote
mientras, la bailarina presurosa levantó los pies
descalzos y de tierra

el pescador sudaba por atrapar la escurridiza trucha
que golpeaba frenéticamente contra los bordes del bote
y la ola que no esperaban
los arrojó al agua
y el bote quedó mirando el fondo del lago
donde la trucha arcoiris
aleteaba contenta


la bailarina reía
porque el pescador ponía unas caras divertidas
cuando hacía fuerza para sacar la trucha del lago
y sonreia
y el bote se tambaleaba que la divertía
y el sol le daba en los ojos y era dale con sonreir
que era tan hermoso el día
que no podía hacer más que sonreir
y la trucha que bailaba en el aire
y el bote que se balanceaba con la poca corriente
y las nubes que taparon de repente el cielo
y la trucha que se escurría de los dedos
y el viento que pinchaba en el calor del cuerpo
y el pescador que golpea a la trucha
que se declara vencida con los ojos bien abiertos
e hinchados y la lluvia que
cae finita sobre el bote.


el pescador tenía la cara y los brazos rojos de sol,
la caña en los dedos y dos truchas que dormían
el sueño eterno en el fondo del bote
que ya estaba bastante carcomido
por el golpear de las olas y la sal
la bailarina que se retorcía en el fondo del bote
y la trucha que olía a podrido
el blanco del vestido que cubría medio bote
y el rojo de la cara del pescador
y su barba que oscurecía.


los ojos violáceos de la trucha mientras
el anzuelo picaba y el pescador sufría la encía
y sangraba,
la bailarina horrorizada gritaba
y la trucha dale que te ríe y ríe
cuando el pescador en el aire se retuerce
que parece que se está por quebrar la espalda
y en eso la bailarina
empuja a la trucha de ojos violáceos que cae
al rio mojando el blanco del vestido
y pidiendo auxilio por no saber nadar.

*

la bailarina se desarmó de risa
al verse de repente empapada de lluvia junto al mar
mientras recogía caracoles rosados.
se sentó a la orilla del mar que se trenzaba en oleajes
abrazó sus piernas y apoyó el mentón en sus brazos cruzados
miró un punto en el mar que se parecía tanto a un recuerdo
algo como un entusiasmo aplastante
se corrió el pelo de los ojos, hacía rato que había dejado de sonreir
pero no lo había notado
pensó en construirse una casa en el fondo del mar
con jardin y ventanas
y tener un perro que no flote


*

dentro de la casa del escritor
la bailarina colgó cuidadosamente el tutú en una silla de paja
la lluvia caía del atuendo hasta formar un charco en la tierra
la bailarina se detuvo un instante frente al pedazo de espejo
(apoyado sobre una de las paredes)
se vio flaca y huesuda
con los ojos casi negros de su mal sueño
tomó prestada una remera que le quedaba grande
la reconfortó el calor sobre su cuerpo
y se metió en la cama tapándose hasta la nariz

*
una semana y la lluvia seguía cayendo
el escritor encontró durmiendo a la bailarina
dejó la pesca a un costado
se sentó en una silla y prendió su pipa
sabía que el sueño de la bailarina era frágil
así que estuvo atento a los bostezos
al desliz de sus piernas entre las sábanas
su pipa se apagó, se levantó con una queja en los huesos
y prendió el fuego,
pensó en el protagonista de su cuento,
pensó en como resolver algo que ya se le hacía muy complejo.
volvio a observar a la bailarina que tenía los ojos negros del mal sueño
y pensó en quién podría sacarle la maldición de tener que escribir para no morir.

Mariana Suozzo: Soy muy joven para morir de angustia

Definiciones posibles del acto poético

semilla semejante al alpiste / joven capaz de comerse su propio fruto / acrobacia / poesía / pájaro pequeño / un día en la vida del floricultor / rama que apunta al cielo por la noche / yuyito / poema / perfume despiertasentido / pluma que hace cosquilla en donde no hay posibilidad de risa / anteojo para ver en tres o más dimensiones / hazaña / verso que te hacen creer / planta de papel / hijo de cartón


“si se te diera por sucumbir, no olvides que desde el cielo,
una heladera entre nubes, te dará la bendición”
zuzincozu


roberto, soy muy joven para morir de angustia


ya tendrías que haber arreglado el refrigerador
que te llevaste de mi casa hace algunas semanas
un dolor comenzó a estrujarme el alma
por las noches, cuando intento el sueño,
mi heladera a punto de morir
me persigue rengueando por la habitación


cuando venía a visitarte pasé por la casa
dónde leonardo solía vivir antes de mudarse a españa
su padre me dijo que él y su esposa
se habían marchado ayer
algo muy importante ha quedado sin ser dicho


deberías comprender, estoy sufriendo
me sentiría más aliviada si ya la tuviera conmigo
sé que tu socio se fue de vacaciones
estás solo y sin la camioneta
las cosas se han puesto difíciles, este asunto
se vuelve cada vez más y más importante
supongo que no hay manera de que me traigan
el aparato en los próximos días


los que me rondan rumorean
y yo sospecho que es totalmente cierto,
que como no le encontrás arreglo
la abandonaste sin remordimiento
junto a otras chatarras descompuestas


soy una persona sensible, es verdad
me había encariñado con aquella cosa blanca,
resplandeciente, que me vendiste en octubre
pero estuve pensando y tal vez
deberías darme otra heladera, esa que me mostraste
de color marrón y congelador,
de ser así tendríamos que hablar
del reintegro en dinero que me harías
porque la otra tenía freezer


roberto, esto no solo me quita el sueño
también deteriora mi salud
no me mires de esa forma
y comprendé porqué un sábado por la tarde
encendí una vela perfumada
y me recosté para ver como el sol
desaparecía entre los edificios de enfrente,
pensaba: esta es la primer gran pérdida
que sufro desde que me mudé


a vida en el departamento no es complicada
ordeno las mismas cosas día tras día
solo me esfuerzo porque todo lo que hay adentro
tenga algo que ver conmigo y el ambiente
pero desde que dejaste alojado en la cocina
aquel armatoste ocre, despintado
algo luce verdaderamente mal


reconozco que tuviste un lindo gesto
aquello que sentí como un premio consuelo
me ayudó a pasar lo peor del verano
al menos pude conservar el agua fresca
pero ya no puedo verla, mis ojos la esquivan
como si ella cargara con la culpa, además
me recuerda que para trabajar sos bastante lento


son las siete, supongo por tu seña
que ya querés bajar la persiana, yo también
debo partir unas amigas me esperan para ver un video
brincaría de alegría si esta semana
aparecieses por mi casa
casi como si no te esperase me darías una sorpresa
al traerme algo blanco, brillante, otra vez resplandeciente.


El perro se queja detrás de la casa
bendita es la hora en que las cosas se apagan
el pensamiento despojado galopa
sobre las torres de enfrente
el silencio es violencia de primer grado
(una quemadura leve) ¿qué silencio
es criminal como el zumbido de una mosca?
un sonido leve y persistente
perfora cualquier sentido, la voz tiembla
disuelta -se olvida- hasta que una pared habla
mientras el resto permanece mudo
pronunciar la palabra rompería los ventanales
el coro afónico es una idea misteriosa
(se viene abajo como un castillo de crema)
la voz se alimenta de cantos ordinarios
bendita es la hora del silencio:
nadie es capaz de oír.


Escribo por la anécdota
cuando eras feliz o infeliz da igual
yo no había nacido más bien estaba
en camino. Entonces toda esa parte
no la sé porque no habitaba la casa
pero me contaron que por las noches
mirabas fijamente un pie hasta que
te vencía el sueño. Era una forma
de jugar al ajedrez, aunque solamente
podías hacer un movimiento:
meter el pie adentro de las sábanas.


Todas las plantas
han muerto en esta habitación
muchas veces el cuerpo funciona
como la puerta de las heladeras
en la calle, el verano es fatal
pero adentro el agua permanece fresca:
es triste que algunas flores
no soporten las miserias del clima.

ver textos de Mariana Suozzo en el motivo es el poema número dos

Mario Torres: Naranjada

Ars poética

Picazón del niño, que te susurra al oído: “no te vayas”.


*
Nada como dar vuelta atrás
le comuniqué a dos palomas del suceso.

las sombras de la claridad incipiente
toman un color cada vez más incierto
no es el gris, no el negro
es algo que se desliza
por todo lo que puede chocar.

nos debemos a los ancianos, y sus perezas
como cuando lloviznan
al despertar de la ciudad
docenas de siglos colados
el vacío siempre está en transición
salta esta pena

___________ “cuidado escalón”.


Naranjada

La mañana es perfecta
si ruedas y te acuñas como moneda
en la rendija del colectivo.

las calles son siempre las mismas
solo se disfrazan ante nuestros ojos
la próxima parada es: la de una década atrás
y como notarás, la volcanidad del suelo
nos mueve en un vaivén de azares
que nos llevan a instantes paralelos.

las ventanas nos muestran
una estática diferente por dentro y fuera
mientras: podemos fagocitar jacarandas, semáforos en rojo,
brazos de plastilina, pero nada como la satisfacción del jugo de naranja.


*


Los recuadritos de la vereda matinal son tan diversos,
que uno puede perderse en sus formas collage de colores mustios,
casiopeas de piedritas, patitas de ciempiés.
la mañana anuncia vuelos sin destino lo vertiginoso del sol
desmaya giros de colectivo abrazan las esquinas el despertar fue:
______La bolsa amarilla que bailoteaba
en el cruce de las avenidas ______mientras dos aves suicidas
estaban a punto de ser arrolladas.
después, todo volvió a dormirse.
un joven de traje camina como en un funeral, sus ojos entumecidos.
odio tanto los segundos en que el semáforo cambia. esta repetición diaria,
preludio de ansiedad me vomita entre sus sobras.



Gotera


La lectura del piso
en la lluvia del día anterior
es mapa de archipiélagos
que orillan en los bordes de las veredas
la caspa de los árboles
cuaja en los arroyos
que derivan en las cloacas.

al amanecer.

“se necesita un plomero”
vaya anuncio pensé.




*

Es urgente que los colores
caigan de tus ojos
las hojas se corrieron a la derecha.

un globo verde nos separa
y de pronto: pasas por mi espalda
era un globo suave
espumeante de baba.

la ciudad salta
la hoja que hamaca declina
reflexioé quizás:

“Las cosas no tienen más movimiento que
el que habita en nuestros ojos.”



*


Algunos nacen despiertos
y en sus cicatrices
la muerte se retuerce herida.

cambian las casas
cambian los padres
cambian los días

hasta que el corazón podrido
se les cae a fondo, en alguna esquina
y en sus fibras
la vida se les deshilacha.

Algunos nacen despiertos
perseguidos por todo
lo que empoza en sus ojos
husmean mañanas, lamen
las carroñas de la tarde.

Algunos nacen despiertos
otros nacemos muertos.

*

Las cosas transcurren sin reflexión
es el flujo que nos lleva
en la fontana eterna
que del cielo al infierno va.

cae lentamente
sin la menor imperfección
el agua es cristalina, y en gotas de fuego
los corazones confundidos van.


*

Era una de esas tardes
en que todo estaba sucediendo
un niño daba vueltas y vueltas
y se fundía como carrusel
en los brazos maternos
pagando la moneda
que dura toda la vida.

dos palomas de pasarela
desfilaban al sol
y los abuelos
los abuelos se estaban cayendo:

“Atrapa uno a tu destreza”

los arboles habían tenido
sus charlas, las monjas cantaban con su libido
los cartoneros hacían los bajos
todos encajábamos felices
como la tapita de lapicera, tan jugosa
entre mis dientes.



*

Bienvenidos al carrusel de mi infancia
donde el caballito místico de dos cabezas
flota en el aire, y los vagones se extravían
por las calles empedradas de recuerdos,
de los recuerdos rotos
por esta fragilidad en la memoria.

Bienvenidos a donde nacen todos los colores
donde ríen las melodías del viento
donde la noche nunca nos alcanza.

Bienvenidos a esta plaza
roja, de sangre derramada
por los niños muertos
a esta efímera danza.


*

La tarde y una premonición:

“el cielo cayó como pluma
envuelta en nubes.”

¡es tan pobre el amor!

las pausas en mis pies
hacen que las personas
giren alrededor
intento de concepción determinista
de lo azaroso de nuestro camino.

mas no deja de sorprenderme
tenerte a mi lado...
si llegas o te vas no es lo importante.

la percepción del destino nos atrapa
como cuando me arrastro a tu encuentro.

Martín Vazquez Grillé

Ramón Choquebiri, peso mosca

Tal vez llegue a ser un buen mediano
comiendo mucho
en especial pastas con salsas bien grasosas
o alimento balanceado
para pollos, pavos y otras aves de corral.
Las viejas del barrio todavía suelen
invitarme a sus casas para darme chocolates,
(Doña Cándida insiste
en regalarme tubos de total magnesiano)
y comentan por lo bajo
lo frágil de mi estado atlético.

Pasaré los próximos años de mi vida
alimentándome bien
haciendo ejercicio por las mañanas
así tal vez llegue a ser un buen mediano
en la edad justa
o un pesado como la Mole Moli
y podré trabajar en el circo
asustar a los niños
robar la comida de los animales.


Lo mejor de tu vida me lo he llevado yo

Nunca supe muy bien por qué
bailabas como Flavia Palmiero
al costado de la pileta del hotel de Setia
en Villa General Belgrano
con esa mallita celeste a rayas azules
mojándome todo cuando yo
ya me había secado
mientras pensaba acostado a tus pies
en la mejor manera de decirte
debajo de un sauce florido, a la noche
caminando por el centro
o en las hamacas del fondo
escondiéndonos de tu hermano
si querías ser mi novia, antes de cerrar los ojos
para besarte mejor.


Cuanto más me ignores, mas cerca estaré



Los rostros se consumen
de tanto mirarse.
Llegan a ser paisajes de ruinas.
Valerio Magrelli


Una tarde pude tocarte la mano:
aproveché la tormenta
para llevarte corriendo por la pendiente
sabiendo que ibas a tropezar
al saltar las piedras del arroyo.

Con las rodillas en el piso miraste resignada
como mis dedos se estrechaban a los tuyos
mientras el primer relámpago
iluminaba el monte.


Tu inocencia salvaje me la he bebido yo

La última vez que nos vimos
fue en Pergamino al amanecer
paramos a desayunar antes de seguir
el viaje de vuelta,
sentada en una hamaca del Parque Municipal
acariciabas mi pie con el tuyo
mientras la radio del lugar anunciaba
un dia de calor agobiante.


Stevie Nicks

Cruzo la ruta desnuda
alguna del medio-oeste americano
a bordo de un Dodge coronado, verde-gris metalizado
atento a las chicas que hacen auto stop.
Entonces vos, apareces brillante
en medio de la noche
cuando todavia nadie te conoce
y me pedis que por favor, te de un poco de Pepsi
antes de llevarte hasta Denver
para ver a una tia que canta
en el coro de la iglesia.


Ariadna en Naxos

Todo lo que no entendí, me hizo lo que soy:

Los días pasan temblando
aprendo a pescar con el agua en las rodillas
y poco a poco construyo una casa
para refugiarme cuando llegue la lluvia.
Las joyas que me regalaste
las enterré en la playa hasta el día del rescate
los hombres me alzarán y cubrirán mi cuerpo desnudo
me ofrecerán frutas, vino y dulces para el postre
uno de ellos preguntará qué quiero
con maneras suaves y galantes,

voy a contestarle que quiero morir
que me pongo triste cuando pienso demasiado.


ver textos de Martín Vazquez Grillé en el motivo es el poema número dos

Federico Villalpando: El rostro del prócer

El rostro del prócer

Emiliano Sanjuan cierra cuentas con Omar Fakhati. A Omar siempre le sobra lugar en su camioneta y no tiene inconvenientes en redondear sus ingresos o sus amistades transportando cosas entre la Capital y Santa Rosa de Arupa.

“Mis primos te estarán esperando –Emiliano entrega el dinero. Ellos se encargarán de guardar todo en casa de Mamá. Yo iré para allá en diez días”. Emiliano piensa un instante. Hoy tiene que trabajar en el mural del Banco, pero aún es temprano. La mañana es soleada y la brisa anuncia un día apacible. Quiere caminar.

“Omar... antes de irte... ¿no me dejarías en el centro?”

La camioneta avanza tranquila por la Avenida Kennedy. Es un camino de tierra, bordeado por casas bajas y sencillas. Más adelante, ya asfaltada, la avenida cambiará de nombre y se llamará Avenida Don Luis Graciano. Habrá edificios más altos, más antiguos, más urbanos, hasta llegar al centro, a pocas cuadras de la Plaza de la República. Pocos conocen los nombres de las calles de esta ciudad. El capitalino llega a destino impulsado por la costumbre y el que le pregunte por algún lugar, tendrá que vérselas con un “a cien metros del puente, para el norte” o un “donde vivían los chinos, tres cuadras para abajo”. Emiliano mismo se sorprendió alguna vez indicando a un forastero: “está cerquita, nomás, al ritmo que lleva, se fuma un cigarrillo y llega”.

La camioneta levanta el polvo de las calles mal asfaltadas a su paso. Ni Omar ni Emiliano han dicho palabra desde partieron. Emiliano decide romper el silencio: “Por setenta años esta parte de la Avenida se llamó General José María Estorna, pues fue el camino que tomó con su tropa para conquistar la Capital”. Omar asintió, distraído. “El alcalde le cambió el nombre cuando asesinaron al presidente Kennedy”. Todos conocen a Kennedy. Todos, incluyéndolos a ellos, crecieron con películas sobre su turbulenta vida y amores. Lo que nadie sabe es que, en aquél entonces, el alcalde de la Capital era un descendiente del Mariscal Herrera, enemigo jurado de José María Estorna.

La camioneta de Omar avanza, ruidosa, y hace ya unas cuadras que la Avenida cambió de nombre. Ahora se llama Don Luis Graciano. Hay más tránsito. Emiliano observa su rostro por el retrovisor; su cara mal afeitada, su cabeza rapada, con algunas canas que brillan con el sol de la mañana. Explora sus facciones con la palma de la mano y constata el efecto de la pintura sobre su piel reseca. Se palpa las ojeras y se pone los lentes de sol. Abre la ventanilla. A la izquierda corre el río Cholta con sus débiles brazos. “¿Y qué vas a hacer en Arupa, Sanjuan?”. Omar quiere cambiar de tema. “Es mi pueblo” respondió satisfecho. “Me pasaré la vida tirado en una hamaca, durmiendo a la sombra de un árbol”. Sanjuan siempre se las dio de arupeño. Sus padres eran del pueblo –y de vieja familia- pero por años vivieron en la Capital, donde él nació y se crió, en los barrios que ahora recorre con la camioneta. Al quedar viuda, su madre se volvió a Arupa, a ocupar la casona familiar. Emiliano apenas y la visitaba, y dejó en las manos Omar el cuidado de hacer llegar al pueblo cartas, encargos, algún dinero y noticias. A pesar de ello, Emiliano Sanjuan siempre cultivó un cierto orgullo provinciano, tal vez para compensar las costumbres acartonadas de su madre -que tanto hacían reír a sus compañeros en la escuela- o para seducir estudiantes y críticos de artes, pues lo vernáculo siempre estuvo de moda.

Hoy se cumplen cuatro meses de la muerte de su madre. Hoy Emiliano vendió su hogar en la capital para instalarse en la casona familiar. Sólo tiene que terminar el mural del Banco.
_______________

Barrio San Miguel; barrio El Salado; calle Pedregosa... barrio de la Sirena... calle La Sangre; pasaje Lavanderas. La camioneta de Omar cruza calles y algunos puentes. Pocos a cielo abierto, la mayoría entubados, los brazos del río Cholta dieron nombre a los barrios y a las calles del sur. Esos arroyos formaban pequeñas barrancas entre las casas, valles en miniatura de vegetación densa y algo de basura, por donde corrían las aguas usadas de los lugareños. Esos valles fueron la alegría de su infancia. “¡Vamos a los ríos!” solían canturrear Emiliano y sus amigos, mientras calzaban bolsas de plástico entre las medias y las zapatillas, para no mojarse los pies. Salían al jardín. Trepaban por la pared y así llegaban a un mundo de aventuras. Todavía recuerda los nombres que le dieron a algunos arroyo: Río Fantasmas, y su canto misterioso; Río Chatarras, con sus heladeras abandonadas... Brazo de la Tonta, tributario del Chatarras, que pasaba por lo de Mariana Solaya, la mimada del aula.

Al Arroyo de la Sirena jamás le cambiaron el nombre. Les daba demasiado miedo llamarlo del Muerto, después de que allí encontraron un cadáver mutilado, encharcado en sangre, y sus padres les prohibieron jugar por esa zona. Emiliano recuerda –o cree recordar, hace tanto tiempo- a una mujer llorando cerca del cadáver. Ella vio a los niños y huyó ruidosamente río arriba, hacia el Cholta. Emiliano nunca supo muy bien lo que pasaba con ese arroyo. El nombre le venía de las guerras civiles, cuando el General José María Estorna expulsaba a los herreristas de la ciudad, en 1826, y la zona era maleza y bosque. Se dice que se luchó mucho y que una sirena surgía de ese estrecho hilo de agua fresca, para desnucar a los enemigos del General. Cuando Emiliano tenía diecisiete años y se fue el gobierno militar, se habló mucho de muertos y de cuerpos botados en los baldíos. Después el Arroyo de la Sirena fue entubado y quedaron sepultados para siempre su protectriz y sus secretos.
_______________

La camioneta llega al centro. Es temprano y no hay mucho tránsito. Omar se detiene cerca de la plaza de la República, frente a la recova del Ministerio de Educación. Emiliano estira las piernas y observa unos segundos la cola de personas que espera que abra el Ministerio. Es un edificio funcional y sucio, de concreto gris y una entrada poco acogedora. Fue inaugurado el mismo año en que se bautizó a la Avenida Kennedy y las bananas y el café auguraban al país un porvenir prometedor. Emiliano baja de la camioneta. Omar observa el aspecto demacrado de su pasajero. Quiere decirle algunas palabras de consuelo, por la madre muerta, pero prefiere despedirse y seguir viaje.

Emiliano echa un vistazo condescendiente hacia la derruida entrada del edificio. Lee el cartel: “Ministerio de Educación y Cultura de la Nación”. Por lo bajo, se regocija: “el mes que viene empiezan las clases, pero yo estaré en Santa Rosa de Arupa”. Emiliano siente algo de afecto por esa esquina insípida, que se ha convertido en su punto de referencia en el centro, para citas con amigos, amantes o clientes. Emiliano camina, apacible, hacia la Plaza de la República. Su piel disfruta de la brisa matutina. Mientras recorre las calles aún tranquilas, piensa en los bienes y propiedades que ha vendido en estos meses y en su decisión de instalarse en la casa heredada de sus padres. No sabe muy bien porqué quiere dejar la Capital. Solo sabe que antes debe terminar con el mural del Banco. Unos pocos días de trabajo, antes de irse.

_______________

Allí está la Plaza de la República, con sus palmeras antiguas, su catedral y el palacete Presidencial. En las puertas del viejo cabildo ve a la Guardia de la Patria: unos chicos encerrados en uniformes decimonónicos, que cargan pesados fusiles y se aprestan a soportar las próximas horas de sol. En un rincón de la plaza hay una vieja casona, de paredes blancas y cuyo único mérito es haber sobrevivido a la locura inmobiliaria que reina en la ciudad desde los años sesenta. Una placa de bronce, en la puerta, conmemora su historia, con un exhaustivo listado de sus dueños, sus vidas y funciones.

En el centro de la plaza, esta la estatua del prócer. Emiliano prefiere llamarlo así: el prócer. El prócer es el General José María Estorna, héroe de la independencia, ejemplo de rectitud y gallardía. El prócer monta un corcel enfurecido, con sus patas delanteras erguidas. Sable en alto y expresión decidida, el Prócer amenaza al enemigo. Emiliano lee la placa de la estatua:


La Patria
al Ilustre General Don José María Estorna
Azote de los
Realistas,
Guardián de las Fronteras, Paladín de la Justicia,
Pesadilla
de Necios y Traidores

Emiliano Sanjuan se apoya contra una farola mientras recita mentalmente –recuerdo escolar- los nombres de los necios y traidores que emboscaron y acribillaron al prócer, en 1831. Busca en su bolso un lápiz y su cuaderno de dibujo. Se quita los anteojos y concentra su vista en el rostro del prócer. Empieza a garabatear. Cuando Sanjuan era estudiante, había oído decir que, para los cincuenta años de la muerte del general, una Comisión Gubernamental de Notables viajó a París, a buscar algún artista de renombre que realice esa estatua. En Europa, los Notables no tardaron en sucumbir a las tentaciones finiseculares de la Ciudad Luz y dilapidaron su presupuesto en bebidas, putas y juegos. Para cuando llegó la hora de volver al país, no le quedó más opción a la Comisión que comprar de remate una estatua de algún mariscal francés famoso, que la municipalidad tenía guardada en un galpón, junto con otros cacharros, desde la caída de Napoléon III.

De los cuatro Notables de la Comisión, sólo dos volvieron. Uno prefirió París y una bataclana al abrazo de su esposa. Otro desapareció en alta mar. El tercero se suicidó el día de la inauguración del monumento y fue enterrado en Santa Rosa de Arupa. Don Luis Graciano, Presidente y único sobreviviente de la Comisión, se aseguró que los manuales escolares tengan los retratos del General que él mismo había realizado. “Don Luis Graciano, fundador de la Academia de Bellas Artes” murmura Emiliano, mientras sigue dibujando. Don Luis Graciano, como el General José María Estorna, entró en la Capital por la avenida que lleva su nombre, con la falsa estatua del Prócer. El Presidente la Comisión se trajo de París pinceles, telas, paletas y libros, para vivir de los encargos artísticos del Gobierno. Desde entonces, no hay edificio público en el país que no tenga alguna de sus telas. En sus cuadros, los conquistadores españoles sucumben a manos del Indio con aires de mártires cristianos, los caudillos triunfan como héroes griegos y ninfas republicanas semidesnudas arengan a los soldados de todas las batallas sufridas en estas tierras.

Don Luis Graciano fue el primer referente artístico de Emiliano, aunque no le perdona no haber pintado a la sirena de su barrio. Él mismo subsanó ese olvido en una de sus obras juveniles. Su Sirena Magna –cabellera rojiza, piel de porcelana y formas sensuales- emergía de un río tormentoso y oscuro, para arremeter contra un soldado desfigurado por el miedo. Años más tarde –y bajo otros gobiernos- Emiliano hizo otro cuadro: una “Sirena Indiana” de tez trigueña, inexpresivo rostro de cacique y cuerpo de atleta, en actitud de degollar a un soldado de llamativas facciones anglosajonas. Esa obra le valió el mote de comunista, con el que justificó un oportuno exilio en México y afianzó su renombre y su clientela.

“Tan comunista como arupeño” suspira Sanjuan. Y deja de dibujar. Se vuelve a poner los lentes. Esta cansado del prócer. Esta cansado de sí mismo.
_______________

Todos conocen el secreto del prócer y su estatua. A nadie –ni siquiera a él- nunca le preocupó el asunto, hasta que, hace dos años, la sede del Banco del Atlántico y del Pacifico se incendió y tuvo que cerrar por tiempo indefinido. Cuando se preparaban los trabajos de reconstrucción, la Comisión Directiva del Banco decidió encargar al artista Sanjuan un mural para el gran salón del edificio. El mural debía ser grandioso, una obra maestra, y debía ilustrar las horas más gloriosas de la Capital, desde su fundación hasta nuestros días. En el centro del mural debía triunfar, claro está, el máximo héroe de la Patria, el General José María Estorna.

Emiliano deja la Plaza de la República y vuelve a la barranca del río Cholta, sobre la Avenida Don Luis Graciano. Pobre río Cholta. Su lecho apenas y cubre una fracción del que solía ocupar en otros tiempos. Desde la Avenida, el lecho parece una especie de camino de tierra húmedo, por donde corren algunas líneas de agua aceitosa. Flotan basuras, cajones vacíos. Algunos niños se refrescan y ríen. Una vaca bebe agua de un charco. Emiliano se sienta en un banco desvencijado y observa ese río ralo, su barranca y las cúpulas de las iglesias que sobresalen trabajosamente sobre los techos. También hay edificios modernos; algunos terminados, otros en obra y no pocos abandonados. En el medio del lecho del Cholta solía haber una casa de madera traída, años atrás, por una crecida. Era una cabaña sencilla y de colores alegres, que fue adoptada por el bajo mundo de la ciudad para librarse a contrabandos oscuros. De ella sólo queda hoy un esqueleto de andamios, donde cuelgan bolsas de plástico que flamean como banderas. Los españoles eligieron este valle por su río fecundo, accesible y a medio camino entre el océano y los montes. Se dice que fundaron la ciudad en el mismísimo lugar donde se encuentra la estatua del General José María de Estorna. “Todo siempre vuelve al Prócer” murmura Emiliano, mientras se rasca las manos adoloridas y observa el único cartel que recuerda el nombre de la Avenida Don Luis Graciano. “Todo vuelve al Prócer… y a su rostro” piensa, y se pone las manos en los bolsillos.

Emiliano observa los tres montes que dominan a la ciudad. Hubo una época, en tiempos remotos y turbulentos, en que cada monte tenía una fortaleza armada con cañones, para proteger –o someter- a la Capital. De los tres fuertes, hoy solo queda uno, que sirve de manicomio municipal. En otro de los montes se encuentra la embajada de los Estados Unidos. En el tercero, se puede ver una coqueta residencia italiana de paredes celestes, donde hoy funciona el Museo de la Libertad. Hace pocas semanas fue a revisar el archivo del museo, donde supuestamente estaban los únicos retratos realizados en vida del Prócer, que Don Luis Graciano había llevado a París, con la Comisión Gubernamental de Notables. No los encontró. El inventario hacía referencia a ellos, pero no estaban.

Emiliano consulta su reloj. Sabe que es hora de ir al Banco. Debe terminar la obra
_______________

Hubo un tiempo en que Emiliano cuidaba las formas al llegar al Banco. La primera vez que entró a la sala principal –hace un año y medio- todavía olía a quemado. Aquella vez había venido invitado por los miembros de la Comisión Directiva de la institución, vestido con un traje de lino, sin corbata, camisa roja y anteojos oscuros. Emiliano hablaba sin mirarlos, algunos pasos delante de ellos, observando la pared chamuscada que le estaba asignada. “El lugar me inspira” anunció, mientras escrutaba el cielo a través del techo derrumbado. “Mañana les daré mi presupuesto”. Cuando inició su trabajo, empezó a venir al Banco con ropas toscas, aunque siempre con lentes oscuros y algún libro de arte bajo el brazo, para diferenciarse de los obreros, los capataces y los arquitectos. Desde que Sanjuan mandó casi toda su ropa, sus libros y sus espejos a Santa Rosa de Arupa, ya no cuida su aspecto. Se afeita con torpeza, se rapa el cabello y los anteojos de sol esconden mal su actitud abatida. Todos creen que su decadencia se debe al luto por la madre muerta. Hoy el portero lo nota algo mejor. Más decidido.

-Se lo ve bien, Sanjuan –saluda el portero- dejar el aire de la Capital le hará bien... ¿cuándo era que se iba para Arupa?
-En diez días –contesta, escueto- hoy termino de pintar. Pasado mañana reviso la pintura y me llevo mis cosas. Me verán dentro de dos meses, para la inauguración y para cobrar.

Emiliano penetra en el gran salón del Banco. La refacción esta en su fase final. Los carpinteros instalan mostradores de líneas modernas, mientras los electricistas trabajan en la iluminación. Dirige a esa gente afanosa un saludo discreto y algo altivo, mientras se acerca al mural. La obra ocupa la pared frente a los mostradores. De izquierda a derecha, sobre treinta metros de largo y dos de alto, se extiende la historia de la Capital, con alusiones a las leyendas indígenas que cuentan el nacimiento del universo; los españoles fundando y celebrando misa; la vida colonial; la independencia; las guerras civiles... Sanjuan no tuvo miramentos con el siglo que le tocó vivir a él y a sus padres. Se esforzó en exaltar la importancia del Banco centenario en la construcción de puertos y vías férreas, para la exportar las bananas y el café. Al final del mural, agregó unos niños con uniforme escolar, junto con intelectuales, campesinos y mujeres maternales. También hay humo de fábricas y un avión moderno que vuela hacia un sol naciente. “De algo hay que vivir” se justifica, y vuelve su mirada hacia la izquierda. Allí están los primeros tiempos de la Patria: los indios, los soldados españoles y la tropa de los caudillos. A todos ellos les puso los rostros de los trabajadores que reconstruyeron el Banco. Un detalle para granjearse simpatías y algún halago en el discurso inaugural. Más adelante, su madre llega a bordo de una nave llena de café. Un marino la espera en el puerto, bajo una recova.

Sanjuan recorre su obra, lápiz en mano, dejando algunas marcas sobre los puntos que deberá corregir o reforzar. Llega al centro del mural. Encuentra la mesa de trabajo, donde deja el bolso y los anteojos. Ahí está su material: pinceles, algunos químicos, pinturas. Una precaria silla de madera. Acaricia el respaldo del mueble y, mientras observa la pared, trata de quitarle con las uñas algunas manchas de pintura seca. Emiliano se sienta. No deja de mirar el centro del mural. Estira las piernas, se pone las manos en los bolsillos y suspira. En el piso, alrededor de la silla, quedaron algunos de sus libros, pocos, y sus cuadernos de dibujo. Cuadernos abiertos. Cuadernos llenos de rostros, garabatos. Rostros encontrados en la calle, rostros de alumnos. Retratos. Algunos autorretratos. La mirada de Emiliano se detiene en esos papeles que, distraído, remueve con el pie. Vuelve al mural. En el centro lo espera el rostro vacío del Prócer.

Hoy –no siempre fue el caso- el Prócer le parece tranquilo. Tiene en sus manos el sable envainado. Su uniforme luce impecable, salvo en las partes por donde pasaron las balas asesinas, que Sanjuan resaltó con ambiguas manchas de pintura roja. Su caballo avanza apacible, bebe agua de un arroyo. El Prócer espera su destino.

Emiliano se incorpora. Arrastra se acerca al mural, arrastrando la silla. Observa en silencio. Se sube a la silla y recorre con los dedos las crines del caballo. Sus manos tiemblan mientras rozan la pared. Acarician el sable del héroe, los pliegues de su uniforme. Llegan a los hombros. Emiliano estudia el lugar donde debería estar la nariz y la frente del jinete. Palpa sus propias facciones resecas. Cara a cara, los ojos cansados de Sanjuan y el rostro vacío del Prócer.
Emiliano se decide. Mientras la Sirena observa, Emiliano dibuja.

Juan Xiet

Aquellos filisteos borrachos

tráiganle pan a las estatuas!

el templo esta por destruirse ya caminan
sobre el agua los hombres costillas, rechazados
ya bañan a los ebrios con uvas malogradas
el vino cáustico raspando, como río garganta abajo

no olviden el cacao, el azúcar independiente
nadie que rechace nadie que rece.

tiembla la bruja, la magia bruta los girasoles se encogen
siembra siempre este libro en blanco, equis en la tapa
hoja en blanco, vértice del pueblo.
ellos que saben, mueren, reviven, como bolitas de nylon quemadas
huyen, escalan, él mira arriba, costilla en mano, amenaza.

traigan famélicos los leones, las esculturas creadas a imagen
semejanza, árbol de ahorcados, es el fin
el metodo nuevo de actitud.

armen los mapas, el agua y el mijo
aún las brujulas no estan inventadas, caminen sol
caminen pueblo y uñas
escarben...

este renglón mestruado, las mujeres saltan ventanas por la noche
el tiempo aún no se oxida, naden, naden.

y el arpa da respuesta, escalones atrofiados, movibles
escalones enpantanados, firme ocre barro para mí.

leche ocaso, leche todo leche y pan y moscas.

el brindis aparece en los últimos roces, del pezón en la lengua mmalnacida
malcriada la espuma labial hace lo suyo, hipnotiza.

este vértigo que hoy será historia
será para los hijos de los hijos la excusa, la planicie vivencial.

años allá atrás, está el pescador
rescatando camarones de la vida
no dejen que esto oiga, susurren.

maten al venado!
bebanlo, no olviden que el frío
es el altar de sacrificio, el oro brutol

a recompensa.






pará la mano cangrejo!

cubrís las pociones con el manto sagrado
vas corriendo al pozo.

perversa, salis del agua
sangrando pàlidas borracheras

domingo, siete y treintaicinco de la mañana
vomitas espasmos trogloditas, papel secante en el ojo
aves migratorias dibujadas en el pasto
en los cráteres que nos quedaban

tenías guardada en los bolsillos
el último grito, la venda sepulcral
pelo.pelo pelo pelo.pelo.

pelos rasurados, tenías que buscar la forma de ultrajarte.

y un brazo no te podías cortar, aunque le dabas
con la gilette pequeños tajitos parecian diminutos peines de sangre, los lamias.

todo era una morbosa carcel intacta.

y fragil una ventosa se secaba, caían las muñecas infantiles
polarizando las manias, encerrandote en las rotondas
perfiles, maderas, ratos en rincones, rincones atrofiados

un sabor exquisito, una lengua de tenia vampirica.

todos tus abrazos dentistas.

aquellos momentos, como vacuolas se mueven bajo la piel
de tortuga, piel y pelos.

(silencio, vengan a ver, pasen de a uno, de costado
esto se esta poniendo bueno)

te conozco así, maligna y sin dejar rastros
trato de huir-te, soy la piel llena de moretones
soy el bastardo que miraba la tierra desde lejos

y si, ves como se pierde la magia?
ves como me diluyo?

jaja, pero no, veamos
terminemos esto bien
ya se que perdí la línea, pero no olvides, karma

te sigo de cerca.


La importancia de los pies

se espejaba todo con risa de senil astucia, una payana indomable.

era el corazon frigorífico lo que embarraba, lo que se tosía en la mesa.

(espantapajaros, espantalobos, espantatiempo)

entrábamos de a uno en el embudo, sólo nos cabía la cabeza
pero nos empujaban de adentro, y caíamos caíamos caíamos
nos rompíamos, algunos en seis o siete pedazos, otros se derretían
o solo morían sin resistencía, sabían que estaban muriendo,
pero lo último que hacían era lamerse los sexos,
y los pies.

había una obligación para con los pies.

más allá de esto, la imagen se congela, a fuego,
en el momento en que el esqueleto de dios aparecía
y nos apuntaba con esas largas falanges
con esa uñita de ira.

y, algunos de nosotros, los de los seis o siete pedazos
corríamos por nuestra vida.


sal

horizontal, recorro bermejo, solitario balde
maja vuela vuela, río lento, sed lenta
paredes parecidas a dios.


El abismo de darme cuenta

rock rock rock en la planicie y mirame
como me hago ruido, algo canta en estos momentos juveniles
algo canta, una dinosauria esperanza canta y todos se autoroban

si, si
estamos alertas, mirándonos
si, si

pero que no se sepa la cura, antibióticos hoy que no hacen caso
valen.
valen.

la pierna esta temblando pero quien la ve?

es la adicción de controlar los riesgos lo que nos hace humanos

como sea, todos estan mojados babean.

todos babean y comen labios engrasados por donde mires
furor de rayos ultravioleta en la vía en donde te esta esperando
un momento vacilador.

calva, la muerte asciende a los cielos.


ver textos de Juan Xiet en el motivo es el poema número dos